Una madre cae al suelo, atormentada por la absolución que le otorgaron al asesino de su hijo. Llora, grita, rodeada de quienes intentan levantarla, animarla, por no tirarse y llorar a los gritos junto a ella. “Vos vas a seguir luchando por Kiki”, le grita para consolarla y consolarse Daniel, uno de sus hijos. Una hilera de policías antidisturbios, que han llegado hace unas horas al tribunal como gesto de provocación, miran impávidos, aun en formación. Saben que absolvieron a un ex policía federal, que mató a un pibe de 17 años y a otro de 25.

Así de clara es la escena, o más bien, así de turbia. El Partido Judicial les ofrece impunidad a las fuerzas represivas que asesinan a nuestros pibes en los barrios. Un mensaje más en esta Argentina macrista, envuelta en mensajes protofascistas de seguridad y mano dura, en pleno escenario electoral.

Jonathan “Kiki” Lezcano y Ezequiel Blanco fueron asesinados hace 8 años, por Daniel Santiago Veyga. Permanecieron dos meses desaparecidos, enterrados como NN en el mismo cementerio donde apareció luego de 6 años el cuerpo de Luciano Arruga. En el juicio que acaba de concluir, se pudo demostrar que el efectivo de la por entonces Policía Federal disparó a matar, según atestiguó el perito oficial. Pero eso no alcanza, ante esta justicia clasista que defiende a quienes asesinan a jóvenes pobres de barriadas populares. Han ocultado o perdido pruebas, han entorpecido la investigación, han cargado las culpas sobre las víctimas.

En los cuatro días que duró el juicio, acompañaron a Angélica, la madre de Kiki, numerosos familiares de víctimas de violencia institucional. En una radio abierta de la que participamos, dieron cuenta de sus historias, del sufrimiento que arrastran, y que no los deja nunca. “Veyga me condenó a perpetua”, dijo allí Angélica, intentando explicar lo que significa cada día extrañar a un hijo asesinado por la policía.

“Nuestros hijos viven en todos los que luchan”, dice una madre, contando la experiencia que significa transformar una tragedia personal en una lucha colectiva. De encontrar entre todas y todos un sentido en ese dolor infinito, en la oportunidad de brindar apoyo a quienes pasan por algo similar, y en organizarse para que no pase nunca más. Fueron días de encuentros, de unidad, de mensajes en  pos de una justicia que había tardado tanto en llegar, pero que ante ese tribunal parecía ahora sí posible.

Pero no, ni eso le ofrecen a esta madre, ni a estas pibas y pibes de la Casita de Kiki Lezcano que hace años acompañan a la familia. Es una afrenta más, de las tantas que siguen sufriendo. Y que seguimos todas y todos cargando en la cuenta de las injusticias que el Partido Judicial nos brinda todos los días. El poder más antidemocrático y clasista del Estado, una vez más, nos humilla en lo más profundo de nuestros anhelos de justicia.

“El juicio es producto de la lucha. La condena es el repudio popular”, dicen los comunicados que emiten. Así es, así será, hasta que logremos una justicia popular capaz de encarcelar a los asesinos de nuestros pibes. Estamos cansados de escracharlos, de perseguirlos, de denunciarlos. La inseguridad es que hoy Veyga ande suelto. Hay un asesino libre más entre nosotras/os.

Juan Manuel Ciucci

Fotografía: Justicia Por Kiki Lezcano