El siguiente es un texto militante. Está escrito en el fragor del combate. Aquel que pretenda edulcorados artilugios comunicacionales de “despolitización” absténgase de seguir leyendo. Intentaremos entregar un análisis de lo que consideramos “La retórica del enemigo”. Entregaremos, entonces, una lectura de guerra para tiempos de guerra… silenciosa. Las que chocan son fuerzas contradictorias. Esas fuerzas están en permanente tensión. Esa tensión se llama lucha de clases. Desde ahí escribiremos. El objetivo será reconocer con precisión la perversa metodología de manipulación emocional que operó sobre nosotros en las recientes elecciones: una fenomenal guerra psicológica construida con la más pura propaganda enemiga con el objetivo agredir nuestro estado de ánimo.

Este texto puede leerse como el Manual Revisado del Boy Scout o La Revolución Electrónica de William Burroughs. Aquí el militante será entendido como “El pibe subliminal”, el personaje burroughsiano que, interviniendo, con agresivas tácticas de guerrilla urbana (utilizando la edición de la palabra, la imagen -detenida y en movimiento-, el sonido y toda producción estética y de sentido) logra alterar el curso de los acontecimientos. A diferencia de lo que plantea el pontífice del trash Burroughs, este “Militante subliminal” no será un soldado del caos, sino un agente de la transformación social con una práctica ética impulsada por la idea reguladora de la igualdad como guía.

Aprenderemos entonces a hacer una lectura de guerra, pero para poder despojarnos, luego de hacerla, de las mañas más imprudentes y construir finas tácticas comunicacionales para la liberación social (y la de nuestra propia mente).

Fluyan tus lágrimas, dijo la televisión

El crítico cultural recientemente fallecido Mark Fisher supo dejarnos, antes de morir, una genial herramienta de diagnóstico, denuncia y llamado a la acción con propuestas políticas que tituló: Realismo capitalista, ¿no hay alternativa?

Allí, Fisher expone cómo se construyó el consenso ideológico poscomunista: la narrativa posmoderna de la muerte de las ideologías y el fin de la Historia, y de qué manera se instaló, en las conciencias (y en el inconsciente) del mundo contemporáneo, la idea de que el actual sistema económico, social y político existente es el único posible. Se edificó así no un “socialismo realmente existente”, sino un “realismo capitalista” que, ayudado por ideas difundidas por, entre otrxs, Margaret Tatcher, sedimentó  la creencia de que frente a este realismo “no hay alternativa posible”.

Estas ideas, constitutivas de lo que Peter Sloterdijk denominó “razón cínica”, componen el pilar filosófico que sustenta la anti-política, el desengaño, y la desesperanza en torno a la posibilidad de cambiar la realidad, planteo pleno de vigencia en el mundo actual. La resignación pasiva, la aceptación contemplativa y la conclusión de que “todo es lo mismo”, son algunas de las formas que asume esta ética inconsciente de la dimisión.

Frente a ésta ética inconsciente de la dimisión que propone desertar de toda apuesta política y un sólido escepticismo, cabe oponer la sentencia lacaniana: “Los desengañados se engañan”, como alternativa al discurso dominante de la época.

La blackmirrorización de la vida que presenta el macrismo basa su dispositivo comunicacional en el control de las emociones que produce en nosotros su propaganda.

El problema no es lo que formula esta perversa retórica del enemigo, el problema es cómo y porqué penetra en nuestro interior. En cómo reproducimos la “posverdad” (sus lisas y llanas mentiras) que instalan repitiéndola, utilizando su numeroso poder de fuego.

Llama la atención como muchxs respondimos al mandato de la tevé: “Lloren porque perdieron”, llorando desesperanzados o enojándonos ciegamente con los denominados “mariscales de la derrota”, repitiendo, una vez más, los discursos anti-kirchneristas que llaman a las filas k a “cuarteles de invierno”.

Lo cierto es que la propaganda enemiga, en el marco de esta tremendamente eficaz guerra psicológica, instaló, incluso en la mente de nuestros “cuadros políticos” la “certeza de la derrota” (certeza absolutamente falsa, ya que Unidad Ciudadana le ganó a Cambiemos).

No es casual. Lo más preciado que tiene un militante es su estado de ánimo, su esperanza y su voluntad. El enemigo lo sabe. De esa certeza nace su táctica comunicacional; su engaño de masas. Es por eso que el dispositivo comunicacional urdido en la noche del domingo fue efectivo. Buscaba que una idea tome fuerza en nosotros para desanimarnos. Las ratas buscan atacar nuestro estado de ánimo. Tal y como supo explicarlo el Indio Solari, debemos poner especial énfasis en defenderlo.

Nuestra tesis es muy sencilla: El objetivo de la mentira del domingo 14 de agosto fue montar un show mediático para instalar una mentira como verdad (que la fuerza que ganó perdió, y que la que perdió, ganó) y, a la vez, desmoralizar a las tropas militantes.  Tal como en las grandes guerras europeas los altos mandos de los ejércitos transmitían mensajes de optimismo o pesimismo a sus filas con el objetivo de moldear su estado de ánimo, el fenomenal blitzkrieg psicológico orquestado por Durán Barba intentó decirnos lo siguiente: “Ganó Macri. Ustedes perdieron. Hagan lo que hagan no podrán cambiar el curso de los acontecimientos. El Poder, que somos nosotros, siempre se impone”. Es un claro ejemplo de guerra psicológica que utiliza los viejos recursos de la propaganda enemiga. Pero…

¿Cuál es el objetivo de la propaganda enemiga?

El filósofo esloveno Slavoj Zizek en un texto publicado en el sitio web de TeleSur, a modo de  aclaración sobre su posición acerca de la cuestión del populismo, supo explicar cuál es el objetivo de la propaganda enemiga. Lo compartimos a continuación:

Nos enfrentamos hoy a la enorme presión de lo que deberíamos llamar sin vergüenza alguna “propaganda enemiga”. Según Alain Badiou, “el objetivo de la propaganda enemiga no es aniquilar a la fuerza adversaria existente (función que de manera usual le compete a la policía) sino antes bien, aniquilar una posibilidad aún no realizada, ni siquiera percibida, en la situación actual”. Dicho de otra manera, están intentando asesinar la esperanza. El mensaje que este tipo de propaganda intenta propagar es la convicción resignada de acuerdo con la cual si éste no es el mejor de los mundos posibles por lo menos es el menos malo, así que cualquier intento de cambio radical tan sólo haría que las cosas fuesen mucho peores.”

Slavoj Zizek – Una aclaración con respecto al populismo

Ya vemos, a partir de la reflexión de Zizek, entonces, que la propaganda enemiga tiene como objetivo instalar el realismo capitalista como única alternativa política posible y aniquilar toda esperanza de transformación.  Instalar la idea de que la mínima alternativa a este consenso capitalista es fraudulenta y corrupta. La idea de que ninguna causa vale realmente la pena.

Preguntémonos, para comprender por un momento si hemos caído, o no, en las redes invisibles de estas armas silenciosas: ¿Quién ganó la segunda guerra mundial?, o ¿quién la guerra de Vietnam? La construcción comunicacional, y fundamentalmente el cine y la televisión (y todo tipo de dispositivo de producción de sentido) han instalado la victoria estadounidense en dos conflictos bélicos que, en el primer caso no ganaron (ya que fue la Unión Soviética la que acabó con el régimen nazi) y en el segundo, perdieron catastróficamente (Vietnam logró, a partir de una guerra popular prolongada, expulsar de su territorio a las fuerzas neo-coloniales del imperialismo yanqui).

Ahora preguntémonos lo siguiente: ¿quién ganó las primarias abiertas simultáneas y obligatorias del 2017? Veremos si ha operado en nosotros la eficacia de las armas silenciosas que actúan en estas guerras contemporáneas tan “tranquilas”.

Armas silenciosas para guerras muy tranquilas: la retórica del enemigo

Mientras nuestra vigilia duerme con ojo suicida, la propaganda enemiga brota desde las guaridas asquerosas de nuestros adversarios. Construyen así la retórica del enemigo, una retórica que cimienta una narrativa, un relato adversario. En la gran batalla de las pantallas logran instalar las imágenes y las asociaciones que necesitan. Cabe preguntarse, por lo tanto, ¿quién financia el cambio?

Nos enfrentamos a armas silenciosas para guerras muy tranquilas, armas que transforman la verdad en mentira. Las que describieron los servicios secretos yanquis en un documento que llevaba ese mismo nombre a finales de los años 70.

Mientras tanto se está cocinando, a fuego lento, la crisis hegemónica del bloque empresarial y la elite económica argentina. Su imposibilidad para construir una representación política hegemónica legitimada en elecciones fue sintetizada en la manipulación de los datos de las PASO.

La correlación de fuerzas, sin embargo, aún expresa al concepto de empate catastrófico gramsciano (a pesar de que Unidad Ciudadana, la fuerza progresiva, con un claro liderazgo cesarista de izquierda, ganó la elección primaria). Estamos, como fuerza política emergente de la crisis institucional que inaugura el proceso macrista, en plena reconstrucción de una nueva hegemonía nacional-popular, en un contexto internacional de ascenso del neo-facismo. De allí tendremos que hacer surgir una reconfiguración integral  del Estado.

El consenso dominante que impone el discurso del bloque empresarial que dirige el Estado neoliberal comienza a resquebrajarse. Las ideas que expresa comienzan a entrar en contradicción con la experiencia cotidiana de los sectores populares. Se está construyendo con lentitud el punto de bifurcación del que habla García Linera que nos podrá llevar, o no, a una reconfiguración integral del Estado. Una disputa hegemónica abierta y desembozada que terminará por resolver la contradicción entre las ideas dominantes impuestas por el bloque empresarial que expresa Cambiemos y la vida cotidiana de las masas argentina.

El deber de todo “Militante subliminal” es construir un nuevo de tipo sentido común que ponga en crisis la formación actual del Estado. Es en este sentido que deberemos asumir nuevas formas comunicacionales, como las que propone Unidad Ciudadana. Deberemos hacer precisos diagnósticos, hablar en términos de guerra para comprender con claridad la realidad social pero, de ninguna manera, debemos llevar ésta lógica a nuestro discurso electoral.

El desafío es adquirir éstas pautas para pensar la realidad y operar sobre ella, entendiendo que lo que se pone en juego es la creación de un nuevo tipo de ideas que fundarán el nuevo tipo de Estado que queremos construir en contradicción y respuesta abierta, contra-hegemónica, al Estado neoliberal.

El arte de la furia fría maquiavélica, en el sentido gramsciano, deberá aconsejarnos. Veámoslo un poco con tus ojos.

Rodrigo Lugones

20 de agosto 2017

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