Notas intempestivas en dos actos

 

1

Una marcha. No cualquier marcha. Una marcha que intenta, que debe ser un abreaguas. No lo será. El mecanismo mediático del gobierno esta aceitado. El sentido común se abigarró en el discurso negador de responsabilidades, capturador y tergiversador de toda acción y abjurador del otro. De todo otro. Oposición, excluido, excluible. O sera que sí. Que una marcha multitudinaria (otra de tantas), multipartidaria, heterogénea y arraigada en los dolores mas profundos de una sociedad (no se dice Nunca mas en vano) pueda esta vez transformar algo. ¿Pero cuando es ahora? ¿No es esta la pregunta fundamental del actuar político? Ahora es cuando fue consigna movimentista. Ahora es cuando. Pero cuándo es ahora. Cuáles las correlaciones de fuerzas, los tiempos, los modos de las luchas de los pueblos. O será que la multitud, la fuerza transformadora de la muchedumbre, de esa argamasa maldita, indómita e insurrecta (por “solo” ser multitud) es inesperada e irrumpe intempestiva, única. A la espera que acontezca el milagro sublevado, se debe estar en la trinchera, en la calle, en donde el castigado este.

Esta marcha. Precisa en su consigna (Aparición con vida de Santiago Maldonado), amplia en su espíritu (Nunca más). Puede ser una más. Quizás el cuando no sea hoy. Así todo el rumor de la multitud no puede no recalar e insistir en las memorias emotivas de propios y extraños. Una maceración lenta o una fogosa sublevación: las formas de la política de los pueblos no conoce de descansos. Mucho menos cuando los que gobiernan expresan con orgullo su aristocrática visión y acción de mundo. Y más aun, celebran con arrogancia su estrategia retórica triunfante. La memoria y el futuro de la comunidad toda (incluyéndolos) dependen del saber estar donde se debe estar. Aquí nosotros. Esperando obstinados el milagro de lo tumultuoso.

2

Fin del acto (en cuestión) Se dispersa la masa. Corridas. Disparos. Algo recomienza.

Barricadas. Formas de resistencia popular. No pasarán. Se levantan con lo que se tiene, lo que está a la mano. Basura. Tachos. Maderas. Todo sirve para detener el fácil fluir de las motos, patrulleros, hidrantes. Cortar el flujo. Apuesta fundamental. Posibilidad guerrillera, del que no puede más (que eso) ni menos.

Quedarse. Esperar. Mientras la policía avanza. Con ruidos de disparos. Motos que provocan y simulan atropellar. Pibxs incendiando tachos de basura. Tirando botellas. Regalándose, como les grito una: “no se regalen, se llevaron 7 compañeros”. Quedarse, no poder irse. Habiendolo intentado varias veces y no poder, volver. Estar ahí. En ese intenso ahora. Respirar el humo, los gases. Algo de toda esa experiencia resulta sintomático. Rememoración alucinada del 2001. Las mismas calles. El mismo modo de avance policial. En fila, abarcando la Avenida de Mayo, disparando. Otro que grita “ojo las calles laterales, los van a agarrar”. El mismo que calles adelante incendiará bolsas y arrastrará tachos al medio de la avenida. Tiene mas de cincuenta y es el mas formalmente vestido de la grupalidad insurrecta. Se pelea con uno de los mozos de 36 billares. Pudiendo ser uno de sus habitues. Herencias generacionales resistentes que se enlazan de modo espontáneo. Unidad en la acción.

Me dicen que lo no hecho en el pasado, en los últimos años, retorna perturbadoramente. No hicimos lo suficiente, dice. Asiento y respondo: el progresismo fue una trampa mortal. Estxs pibxs lo expresan. Se regalan, se dan, cual don. Parte de eso no hecho, de eso que no fue posible asumir aquí vuelve. En esa moto que finge atropellar (como se fingía fusilar) En la violencia de un reencuadre y zócalo televisivo. En un cuerpo que solo en presente, temeroso, excitado, solo desde allí puede conocer(se) En lxs pibitxs regaladxs que son tanto carne de cañón como la mecha, la esperanza y el respeto íntimo. Un Ahora es cuando encarnado, condensado. En esa botella que se lanza, en un cascote roto irrresponsablemente. Y porque es así. No de sabe sabe cuando es Ahora.

Sebastián Russo

Sociólogo, docente UBA/UNPAZ