Al personaje en cuestión le vamos a elegir un nombre. Podemos llamarlo… Humberto. Viaja a una nación muy alejada de los países centrales. Allí se encuentra con Octavio, un viejo amigo de los años de juventud que se radicó en ese lejano territorio y trabaja vinculado a organizaciones sociales. Humberto tiene referencias históricas, pero necesita y quiere saber más del lugar dónde se va a alojar unos días y Octavio lo pone en sintonía con lo que sucede en los últimos tiempos.

En el primer encuentro y luego de una larga cena con anécdotas de ida y vuelta sobre los diversos caminos de la vida, Octavio va describiendo que en los últimos veinte meses se contabiliza casi un hecho de violencia política por semana. Algunos son más graves que otros. Pueden ser represiones en marchas, balazos a opositores y otras veces entraderas a locales políticos o persecuciones en algunos barrios.

Octavio, que está muy preocupado por la situación, sabe que a Humberto siempre le interesan detalles que, en apariencia, pueden ser de poca materialidad o irrelevantes a las necesidades de información masiva. Le explica, entonces, que a veces suceden algunas declaraciones ofensivas de funcionarios nacionales -en su mayoría empresarios- sobre los empleados estatales, los sectores socioeconómicos más desfavorecidos o las luchas de derechos humanos. Pero además, unos días antes de arribar, la policía de una de las provincias, realizó allanamientos simultáneos a diversos locales de organizaciones sociales, políticas y culturales. En apariencia buscaban elementos que puedan generar violencia en la vía pública y secuestraron panfletos que pedían por un desaparecido, carteles, banderas, tambores, leche en polvo y pintura.

Para terminar de ponerlo en sintonía con la coyuntura, Octavio agrega que hubo inconvenientes en el recuento de votos en el principal distrito electoral del país en las elecciones primarias. Al parecer, la empresa organizadora y las autoridades electorales metieron la mano en la carga de datos para promover ganador al oficialismo, cuando en realidad había triunfado la principal opositora, que es una ex presidenta. Tardaron unos 17 días en dar a conocer los resultados finales.

Sobre el final de esa larga conversación, Octavio explica que hay presos políticos reconocidos por ONU y un desaparecido en una represión de fuerzas de seguridad en territorio de pueblos originarios. Un problema que preocupa a Octavio es poder darle un nombre a la situación política que se vive. No sabe calificarla. Esta algo angustiado porque entiende que no es una dictadura o algo por el estilo, pero que habría que poder definir de algún modo las situaciones de violencia y autoritarismo que se viven, sumado a un enorme ajuste económico. A pesar que hace más de tres décadas que se vota periódicamente, el escenario es complejo y hay que encontrarle un algún nombre que pueda identificar o explicar más específicamente el proceso político y social del país.

Octavio entiende que Humberto, quien ha estudiado Ciencias Sociales, Economía y se especializa en trabajar en la comunicación es una persona clave para ayudarlo a encontrar el nombre que busca. El amigo piensa, no quiere sacar conclusiones apresuradas.

Humberto se va a quedar unos días y se compromete a ayudar a su viejo compinche. Tiene una estrategia. Quiere observar qué sucede a través de los principales medios de comunicación que siempre son complejos y escuchar ciertas voces de la calle, esos personajes que siempre marcan algo del humor social y temáticas que atraviesan las conversaciones mundanas. Se ha dedicado muchos años a analizar diversas situaciones políticas en su país y otros de la región.

Al pasar unos días Humberto siente un estado que no puede terminar de definir. Hace bromas con los los diversos mundos contradictorios y hasta irreales que conviven en un mismo escenario, sin que nadie perciba o preocupe de la situación. Una suerte de mundos paralelos permanentes que transitan los mismos lugares y sin confluir. Humberto se encontró con gente que desconocía absolutamente lo que comentaba Octavio el primer día, pero esas escenas no lo asombraban. En casi todas las sociedades suceden cosas similares. Pero no podía describir las situaciones que había tenido con gente que, conociendo las noticias, las negaba por completo. La mayoría entendía que eran puras denuncias o confabulaciones de un sector político, sin dar ningún marco de referencia.

Humberto recordó -entonces- escenas parecidas en el pasado de su país. Pensaba que la negación es más profunda que el desconocimiento. Algo de esas situaciones se repetían en editoriales, artículos y programas de TV que había estado observando. Confirmó algo que ya suponía: no alcanzaba a entender la realidad a partir de los medios de comunicación, sean tradicionales o alternativos.

– Con que nombre calificas, entonces, esa suerte de estado que por momentos se parece mucho a la esquizofrenia, no cómo metáfora, sino como realidad concreta… ¿Qué hacer cuando se afirma que un desaparecido no está desaparecido? ahora le retrucaba Humberto a su amigo.

– Y ¿Cuándo se intenta prohibir hablar de los temas que te preocupan de la actualidad y en el mismo acto se afirma la libertad de pensamiento? ¿Y cuándo se niega que ganó el que ganó las elecciones? O peor… ¿cuando una persona aparece en la TV y en el instante que afirma su identidad, sin embargo se pone en duda que ese sujeto sea quien dice ser?

El estado de excepcionalidad, ahora, era compartido por los dos amigos. La necesidad de encontrar nombres no tenía pretensiones clasificatorias o científicas. En todo caso, necesitaban poder explicar qué sucedía. Porque había que poder definir esa democracia que describió Octavio el día que llegó Humberto. Y también había que tratar de definir la escena de una sociedad negando y observando realidades tan diferentes. Al problema de la denominada verdad, ahora se le sumaba algo muy parecido al autoengaño.

Ambos coincidieron que hay que tratar de atender más elementos que los tradicionales. Quizás alguna experiencia artística ayude. En apariencia, lo que sucede no se explica solamente a través de índices económicos, de transparencia, respeto a los derechos, cumplimientos de la ley o posibilidades de consumo. Acuerdan que entre los dispositivos de la tecnología metidos en la vida cotidiana, la reorganización de los conglomerados económicos y los medios de comunicación, se reconfiguran nuevas formas de atravesar esa sociedad e intervenir directamente en las subjetividades..

Llega el momento de la despedida con promesas de reencuentros. En el aeropuerto siguen mezclando anécdotas de sus vidas con la situación política. Todo junto a la vez, como esos viejos amigos que entablan lenguajes múltiples y comprensibles sólo en esa relación mutua. Acuerdan en buscar un nombre o varios nombres que puedan dar forma a las escenas que estuvieron analizando. Ambos, sin decirlo, Intuyen que puede ser una tarea titánica y a la vez necesaria y urgente…

Mariano Molina

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