La creación de un enemigo interno sirve de excusa a todos los malos gobiernos  para aleccionar a sus pueblos, el “enemigo”, condenándolos y llamándonos al orden para abandonar la idea de insurrección.  Pero la imagen de “enemigo” no es una construcción moderna sino la imagen recargada del chivo expiatorio.

La idea del chivo expiatorio es un individuo o grupo acotado que carga con las acusaciones de hechos ilícitos de corrupción  y asuntos presuntamente criminales.  En términos más concretos el Estado no garantiza lo que debe garantizar y genera, a través de los medios de comunicación y la fuerza represiva, una maquinaria infinita de subjetividades con las que impone la figura de enemigo interno. Hoy nos convoca, la encarcelación de Milagro Sala, ocultando los negocios sucios e ilícitos del Norte y  la expropiación de tierras en Chubut, en manos de los empresarios textiles Benetton, dueños de tierras en la Patagonia que fueron  recuperadas  por la  comunidad mapuche Pu Lof -en el departamento de Cushamen- donde en enero la misma Gendarmería que secuestró y desapareció a Santiago Maldonado había llevado a cabo una brutal represión.

Plan Belgrano para el Norte Argentino

La detención de Milagro Sala, así como el desmantelamiento, represión y encarcelación de su agrupación Tupac Amaru son parte del plan represivo del gobierno. A este se le suma un decreto de seguridad pública a generar un enemigo interno que sirva de excusa para reprimir las reacciones populares por el ajuste y la defensa de la soberanía ante los intereses del capital concentrado.

En este marco se entiende  la iniciativa del gobierno del Plan Belgrano para el Norte Argentino.

Si se observa la detención de Milagro Sala y el Decreto de Seguridad, se comprueba que son dos hechos con consecuencias peligrosas que hablan de un gobierno que sabe que viene por la clase trabajadora, destruyendo los derechos fundamentales. Esos síntomas sociales serán reprimidos: encarcelados, desaparecidos y  asesinados. El  Plan Belgrano es un  proyecto impulsado por  la embajada de los Estados Unidos y fue parte de la campaña electoral de Mauricio Macri. El primero  responsable del Plan Belgrano fue el radical tucumano Jano Cano, que ha sido reemplazado por Carlos Vignolo. La propuesta involucra a   Salta ,Jujuy, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa y Santiago del Estero. Se proyectaba  una inversión en infraestructura de 16 mil millones de dólares en 10 años, un fondo de reparación histórica de 50 mil millones de pesos en 4 años, solución habitacional para 250.000 familias, atención inmediata a los afectados por la pobreza extrema, y subsidios para las economías regionales e incentivos laborales, entre otros beneficios. Hoy tras los recortes presupuestarios suspendidos por el Plan Belgrano, quedaron en suspenso.  Pero uno de los objetivos centrales del Plan Belgrano que sigue en marcha es el de reprimir a los movimientos sociales con la excusa de combatir a los narcos. No es casual que sobre las muchas acusaciones que se realizaron contra Milagro Sala se la haya intentado relacionar con el negocio del narcotráfico.

Neo-colonialismo

El norte Argentino es una la región más rica en litio. Como bien dice Atilio Borón, el colonialismo y su reflejo intelectual, la colonialidad de pensamiento, dejo una impronta que se extiende hasta nuestros días alimentando por la astuta política de Washington que busca convencer al mundo de la minusvalía y los malos gobiernos de Latinoamérica.

A pesar de este escenario trágico, el enemigo se hace visible para el pueblo que lucha. La detención de Milagro Sala, que hoy cumple  prisión domiciliaria en La Ciénaga, donde se desplegó un arsenal de custodias, que la vigilan como a una asesina serial, no sorprende. Es el odio de clase contra los trabajadores y los sectores populares que se manifiestan. Sectores que deben ser reprimidos, ante la mirada de un público que aplaude y pide más condena. Para ellos, a Milagro Sala es mejor tenerla presa que suelta. La cacería y represión se consolida con  un aparato de inteligencia del Estado, con un sector social medio permeable a los discursos reaccionarios que no dudan en apoyar las políticas actuales de ajuste y represión.

Y si llegaron por el Norte ahora andan por el Sur

El 1º de septiembre se cumplió un mes de la desaparición forzada de Santiago Maldonado. La  ministra de la Nación Patricia Bullrich intenta  deslindar toda responsabilidad a la Gendarmería. Detrás del caso Maldonado hay una maniobra de entorpecimiento  que el Estado quiere ocultar y del cual es responsable.

Mauricio Macri encubre y oculta a sus amigos; encarcela y desaparece a personas. Todo indica los negocios de compañías multinacionales y negocios a favor de los intereses de pocos. El caso Santiago Maldonado es un caso de desaparición forzada en manos de la Gendarmería  que el Estado encubre. A lo que se le sumaron las declaraciones de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, quien ex profeso, reveló la identidad de un testigo protegido del caso Maldonado. Horacio Verbitsky manifestó que desde el Estado nacional “no están comprometidos con la solución, sino que son parte del problema”. Los pueblos se enfrentan a un poder dominante y desmesuradamente violento, que trata de estigmatizarlos y así arrojarlos al vacío. Ya no hay términos medios, ni subjetivismo que valga. Es a sangre fría.

Por eso decimos que los casos de Milagro Sala y Santiago Maldonado son piezas profanada en el gobierno de Cambiemos.

En una gran película de Pier Paolo Pasolini, Pocilga, el director italiano retrata un síntoma de época; la degradación y agonía de la civilización. El arte siempre lleva a su máxima expresión los recursos que tiene para dar, y Pasolini los usa al servició del espectador. Pero no es a cualquier espectador al que se dirige. Hay dos historias muy diferentes en Pocilga, y son parte de la misma geografía de la ferocidad del neocapitalismo. Canibalismo, desierto y religión en el sentido de colonialismo cultural. Y antropofagia como síntoma social, lo que a cualquier espectador perturba porque es absorbido por un Estado ausente.

Hoy, el escenario político es catastrófico. Con un blindaje y montaje mediático obsceno intentan por todos los medios cooptar y adoctrinar una lucha de hace 40 años a favor de los  derechos humanos. Vinieron por una nueva campaña al desierto, lo dijo el ministro de Educación Esteban Bullrich en una conferencia de prensa, y no mintió.

¿Por qué las masas eligieron este espectáculo? Porque perdieron toda compasión. Las víctimas se identifican con el victimario al carecer de representación. Creen que es mejor unirse al enemigo, al mundo civilizado que redujo a los demás en hombres máquinas, desayunando, merendando y cenando veneno.

El final de Pocilga es extraordinario. Uno de los caníbales usa su momento de redención para poner en voz la frase que justifica todo el filme: “Maté a mi padre, comí carne humana y tiemblo de alegría”. Allí está, por delante, un solo desafío: ver temblar a los pueblos, construir nuevos territorios desde la desobediencia, desde abajo,  desde la insurrección.

 

Silvina Pachelo

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