Relámpagos //// 02.09.2017
Una paz con olor a gas pimienta, por Paula Carrizo

“”.

Día para renovar una vez más el compromiso con la paz, la democracia y la legalidad. Todos queremos saber qué pasó con Santiago
(Laura Alonso, funcionaria pública macrista. Titular de la Oficina Anticorrupción dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. A un día de la feroz represión desatada una vez finalizada la multitudinaria y pacífica marcha exigiendo por la inmediata aparición con vida de Santiago Maldonado)

En el país del revés, la legalidad se superpuebla de efectivos policiales de civil. La paz tiene olor a gas pimienta y suena a tiros y gritos desgarradores que se pierden en la noche. A la democracia comienzan a pesarle los desaparecidos y presos políticos que carga a sus espaldas. Los medios desinforman, pulen el guión y construyen el escenario para que la sociedad aplauda y legitime este modelo.

En el país del revés, los pibes y las pibas son los culpables del país en llamas que les estamos dejando, por eso la urgencia de guardarlos en la cárcel desde guachines. ¿Qué loco, no? Vivimos en un país en el que los pibes y las pibas pueden votar a partir de los 16 años, pueden ir en cana desde esa misma edad (algunos ya están en cana desde bastante antes), y el gobierno quiere que vayan en cana al menos a partir de los 14 años. Sin embargo, se escandalizan de que hablemos con esos mismos pibes y esas mismas pibas sobre la desaparición forzada de Santiago Maldonado en las escuelas.

Que quede claro. Los pibes y las pibas son sujetos políticos y son sujetos de derechos. Todos lo somos. Ejercer ciudadanía es un acto político. La desaparición forzada de una persona en democracia es un -aberrante- hecho político. Prohibir nombrar a Santiago es también hacer política. ¿Qué es lo que estamos “politizando” entonces? Algo que es inminentemente político per se.

¿Qué son las escuelas, cuál es su función? Formar sujetos críticos, con capacidad de leer críticamente la realidad que habitan, para en función de esta lectura, elegir cómo desenvolverse en ella. Acompañar el crecimiento de los pibes y las pibas, brindarles herramientas para su autoconocimiento y el conocimiento del mundo que los rodea. Se escandalizan porque nombramos a Santiago Maldonado.

Vacían y desfinancian la Ley de educación sexual integral. Sexo tabú. Diversidad y géneros tabú. Política tabú. Negar la condición política de los pibes y las pibas es una -lamentable- política de -este- Estado.

¿Qué será lo que les genera tanto miedo? ¿O será que no pueden dejar de subestimar a los pibes y a las pibas? Porque varias/os de ellas/os la tienen más clara que muchas/os de los adultos que se rasgan las vestiduras. Saben mejor que nadie del rol de las fuerzas de seguridad cómplices de los delitos más aborrecibles que se puedan imaginar. Saben lo que es una detención arbitraria y que te caguen a palos en un patrullero. Saben lo que es que la policía te boletee un amigo, un vecino, un hermano. ¿Y entonces? ¿Qué será lo que les molesta de la lección? ¿Que hablemos de derechos? ¿Que se empoderen y se les retoben y exijan que los mismos se garanticen?

En el país del revés, los periodistas y docentes son más peligrosos que los gendarmes caranchos o los policías asesinos. Por eso la justicia absuelve a canas mata-pibes, cajonea sus juicios y llena las comisarías de personas que osen actuar desde una ética profesional. El espacio público se privatiza, y pobre del que piense que tiene derecho a hacer uso libremente de él. Que no nos gane el miedo. Hay que seguir copando las calles, las plazas. Hay que cuidarnos, más que nunca, pero sin dejarnos avasallar.

Mientras tanto, retumba el eco del altoparlante en una sala de pre-embarque de Aeroparque: “Presentarse Santiago Maldonado. Reiteramos: los trabajadores y trabajadoras de LATAM estamos buscando a Santiago Maldonado. Vivo lo llevaron; vivo lo queremos”. Una médica pediatra ingresa a la sala de espera de un centro de atención porteño y pregunta en voz alta: ¿Santiago Maldonado? ¿Santiago Maldonado está? ¿Alguno sabe con quién está Santiago Maldonado?. Una docente universitaria pasa lista y aclara “sólo quiero ver quién está presente”. El último nombre que menciona es “Maldonado Santiago, Maldonado Santiago”. Silencio punzante en el aula.

En el país del revés, la vida de unos pocos se garantiza con la muerte de varios. La democracia se mancha de sangre. La ilegalidad es la ley. ¿Y la paz? Un silencio ensordecedor. La consigna entonces es clara: hay que nombrar. Debemos seguir nombrando. Que se lea su nombre en todos los pizarrones del país. Que se escuche bien fuerte la pregunta en las aulas, en los sindicatos, en los clubes de barrio, en los almacenes, en los diarios. Que su mirada siga interpelándonos desde la fachada de un edificio, en una parada de colectivo, a través de la vidriera de un local. Nombrarlo hasta el hartazgo, hasta quedarnos sin voz, hasta que les resulte insoportable. Hasta que no les quede otra que dar respuesta a este grito colectivo que no deja de preguntarse a cada día y cada hora que pasa: ¿Dónde está Santiago Maldonado?.

 

Paula Carrizo

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