Digamoslo de entrada. Estamos ante un estado de escenificación, persecución y muerte para implantar un régimen económico. Walsh, 1977, tan lejos, tan cerca.
Cortina de humo, dijo ayer CFK. Circo y orquesta, como en otro momento “caballo de troya”, “huevo de la serpiente”. Metáforas de los modos en los que la política es un juego de espejos, de ocultamientos, de escenificaciones. Pero la política es eso. Es el juego entre lo que se ve y lo que no. La puesta en escena pública de una retórica aglutinante y transformadora, que puede tomar el subterfugio de la tramoya saqueadora o de la confabulación emancipatoria. Pero donde la maquina de hacer humo no debería llegar al peligroso punto de tapar la visual de los propios protagonistas: tal vez la del maquinista, pero no la de los que mandan prenderla, a riesgo que la maquina funcione sola (fundamento de una razon post-instrumental: cinica e indolente)
La constitutiva impronta actoral de la política, que Beatriz Sarlo aborrecía con el “largo luto” de Cristina, y tenia en aquel entonces al sinfónico Hugo Chavez como un punto máximo de insufrible escenificación para los pulcros y atildados oídos Aspen, encuentra hoy no menos altisonantes actuaciones pero tan desangeladas como perversas, de malos magos con dientes nuevos que utilizan de modo audaz y exacerbado el fundamental recurso escenográfico del humo.
El gobierna tilda de exceso el pedido de desafuero a CFK. Pero no hay mas exceso que el de la propia producción humeante (siendo que el arte de la política contiene al arte del humear, del levantar polvareda: ni mucho, ni poco, justo, a tiempo) El impostado gesto del macrismo de sorpresa ante los procesos dictados y la sobreactuación en torno a la independencia de poderes, configura un exceso de humareda, exceso enunciado y encarnado.
La lógica del exceso por otro (mismo) era (es) el de la retorica dictatorial que bajo otra cortina de humo (restos neblinosos que retornan) defendió su accionar salvando algunas circunstancias excepcionales donde a alguno “se le fue la mano”. No es una critica a la acción, a la política sistemática de persecución, muerte y desaparición, sino la puntualización en algunos excesos de algún miembro aislado de la fuerza al que se “le quedo” un torturado, un insumiso. Que un árbol no tape el bosque, toda manada tiene su oveja negra, se alardea en metáfora higienista, defendiendo al bosque, la manada y regalando un arbolito/carnerito como expiación. “Se le quedo” a un gendarme, fue lo que dijo Patricia Bullrich en el caso Maldonado, off the record (humo sobre el agua), defendiendo el accionar de la fuerza que dirige, potencialmente a uno de sus in-dirigidos (potencialmente, porque ni chivos expiatorios debieron engendrar aun, totalizante y post-todo como es su influencia y retórica actual)
“Nos parece un exceso”, dice el gobierno, jugando no solo al juego humeante de avivar este fuego para tapar lo importante, lo fundamental de todo esto, la implantación de un régimen económico, su exacerbación anti popular, Pro empresarial. Sino que el “nos parece un exceso” es también humear, diluir, los innegables vínculos que todo poder ejecutivo tiene con el judicial. Y que si bien habría un movimiento semi autónomo del llamado partido judicial, en lógicas de poder interna y marcando la cancha al poder político, es indudable que hasta ahora todas las causas fueron para el kirchnerismo y las balas para el pueblo. Exceso, no solo en el manejo arbitrario de las herramientas jurídicas y la impostura de tal independencia de poderes, sino en el direccionamiento univoco de los procesados. Evidenciando cual es el actor político maldito, la fuerza maldecida, síntoma, a destruir, junto a las masas empobrecidas y acribilladas, de las que esta fuerza política fue elección mayoritaria, principal oposición fáctica pues a los intereses que intentan desplegarse “excesivamente” (la discusión sobre capitalismo salvaje, buen capitalismo y anti capitalismo, no debe dejar de rondarnos, justificar y argumentar nuestras acciones, aunque estemos y estamos en un instante de peligro, donde lo fundamental está en riesgo: la vida)
El espectador contemporaneo es tan hábil como indolente. Sabe que no es un exceso sino una política. Puede ahora no importarle y hasta celebrarlo. Pero jugar al huevo podrido donde no hay distraídos sino operadores por un lado y pereza y aturdimiento por el otro (por ahora no vienen por mi), extenderlo mas de la cuenta, engendra huevos de serpientes. Y el ensueño de la razón (cínica) produce monstruos.

 

Sebastian Russo

Sociólogo, docente (UBA/UNPAZ)

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