Jornada trágica, de aquellas que no dejan muertos por lo que será algún designio divino, (dirán ahora que el Papa es argentino), más que por la probada impericia de las fuerzas de represión y su jefatura política. La a esta altura inverosímil Ministra de Seguridad, desplegó un arsenal contra una movilización popular que estaba muy lejos de parecer siquiera una amenaza para el Congreso. Existe cierta perversidad sumada a un terror casi patológico a las movilizaciones populares, que lleva al Gobierno Nacional a cometer esta clase de ilícitos.

En eso, como en tantos pequeños y grandes detalles, sumados a nombres ilustres de la casta política y un modelo económico tanto o más deficiente que aquel; no se diferencia tanto esta derecha cambiaria de la Alianza que debió escapar dejando un país incendiado. Son gobiernos que intentan aplicar una fórmula similar: ajuste con represión. La diferente época que atravesamos nos permite, como ayer, terminar el día un tanto más optimistas: el famoso “empoderamiento” de la sociedad los obligó a recular.

Por eso en las calles se celebraba la caída de la sesión, aunque la represión no terminara, y siguiera incluso ya entrada la noche. El amague de DNU, la marcha atrás, las bufonescas explicaciones del hasta ayer elogiado (por propios y extraños) Marcos Peña, las acusaciones infundadas del hijo del cómplice del genocidio Massot, las tapas del día de Clarín y La Nación…

Son todos signos que comienzan a alertarlos, junto a sus socios económicos y políticos, que dudan cada vez más de su capacidad para manejar el país. Luego del triunfo electoral, y cuando parecía que avanzarían sin problemas con su ajuste reformista, chocan de frente con una Ley tan antipopular que hasta las estrellas televisadas criticaron. Estas torpezas también permiten discutirle (como hace rato hacemos) a quienes desde el campo popular sobreestiman a la Alianza Cambiemos, incluso focalizando en su “estupenda” comunicación. O aquellos que la entendían como una versión superadora de la oligarquía, con aquella rechazada fórmula de “derecha democrática”. Con los gases y las balas de goma, queda claro el poco sustento que tienen esas afirmaciones. Y que hay quienes buscan afanosamente ese partido conservador que permita un control social tal que barra con las conquistas sociales, políticas y económicas de los últimos 70 años. Lo van a seguir buscando infructuosamente, sepan.

Escuchas caer tus lágrimas

Llegar fue casi imposible, permanecer aun más. Ya a las 14 era un descontrol absoluto, con un nivel de violencia que agudizó la performance que ya traían las fuerzas represivas. El aire cargado de gases, afectaba ojos y gargantas, y hasta la piel parecía incinerarse, rojo ardiente bajo un sol imposible en esta bendita ciudad.

Recorrer la plaza, avanzar con la marcha, retroceder, llegar hasta las vallas, cubrirse del instinto asesino de quienes disparaban con placer a todas partes. Ver de cerca la parsimonia de quienes esperaban su turno, entre charlas y risas, comprando algo en el kiosco, haciendo chistes por la hora en que termina su jornada laboral. Cruzar la valla, ciertos privilegios de la prensa que cada vez resultan más peligrosos, ver hasta la burocracia de quien lanza gases a un cielo cualquiera, de una época que pareciera también cualquiera, con un manifestante que al parecer siempre los acecha. Pasaron años desde que no gozaban de la impunidad para detener a cualquiera, para agredir a cualquiera, para sentir que son dueños de ese aire irrespirable que suspende nuestra libertad. Estamos a merced de esa tropa despreciable, que difícilmente pueda explicarle a sus hijos qué hizo en su jornada laboral.

Asombra ver al Pueblo gritarles en la cara lo que son, simples asesinos a sueldo de un Gobierno/Estado que los usa sin más. “Vos te vas a jubilar”, les gritan. “Vení mano a mano, cagón, no tengo nada”. Quien eso grita recibe un gas pimienta en la cara, disparado desde detrás de las vallas, gesto bien de cobarde que las fuerzas represivas repitieron durante toda la tarde, incluso contra una Diputada Nacional.

Cruzarse con Pablo Piovano a la vuelta de la Casa de las Madres, que después de ser fusilado con balas de goma por parte de las fuerzas represivas, por ser reportero gráfico, seguía trabajando. La imagen ya era viral, y quienes lo cruzaban lo saludaban e intentaban ayudarlo, como pudieran. La prensa nuevamente como aliada, en medio de la represión. “¿De qué medio sos?”, preguntan ante la cámara, buscando un espacio desde donde poder enunciar esa realidad tergiversada.

Mensajes cruzados con compañeras/os, amigas/os, nuestro amor, en la marcha con uno y alarmadas por uno. La tensión de no saber de qué más son capaces, sabiendo que de todo. Ver detenciones, por todas partes, temer por quienes amamos, pero aún más por esas vidas que parecen de golpe ahora pertenecerles. Una zona liberada para ellos, y recuperada parcialmente por las columnas que volvían a avanzar, por los piquetes espontáneos, de basureros quemados y rejas arrancadas. Cruzarse allí es también algo fundante, de lazos que construye la solidaridad militante. Vos también acá, conmigo.

Entrar al Congreso a una conferencia de prensa entrada la noche, cruzando aun las vallas y gendarmes, escuchando los tiros, con pibes que te dicen que tengas cuidado, que siguen cazando. Adentro habla el Bloque del FpV-PJ, y se escuchan los tiros. Se menciona a Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, nombres que parecen horriblemente preanunciar una tragedia mayor. Como si fueran poco esas dos muertes, quizás por lo poco que aún hacemos con ellas.

Que el DNU sí, que no, que Lilita y sus tuits, que Radio Mitre y sus exclusivas. No es casual el nombre del genocida en una radio oficialista de este gobierno asesino y represor: no es tan nuevo lo que vienen a ofrecer. Aunque muchos lo deseen, son lo mismo. Incluso, igual de asesinos. Lo que no significa no entender sus particularidades, como su riesgoso vínculo con un sector autodefinido como peronista.

¿Seguirá el lunes esta batalla? ¿Se sumará de una buena vez la CGT? ¿Estaremos mejor organizados para no ser carne de cañón para estas bestias uniformadas? ¿Lograremos frenar, una vez más, este intento de saqueo? Será en las calles, nuevamente, donde lo veremos. Ojala nos crucemos, victoriosos, por allí.