I- Transposición (viva) de una experiencia.

Ya es jueves. Son las 2:59 am. Me dispongo a la transcripción (en emergencia) de una experiencia (emergente), ahora en el mismo momento en que soy testigo y protagonista de una vivencia. Vivo en un monoambiente-con-balcón en zona primera junta, barrio de Caballito y desde mi cama/emplazamiento en el que escribo estas palabras, escucho a un poli patotear a unxs pibes que andan cartoneando. Les grita, les agita, cual padre bestial de siglo antepasado. Les espanta porque los vecinos de bien se molestan o le molestan al mismo cana, ya lo tienen cansado y también a los guardas del ferro. Me dije a mí misma: si les golpea, le grito. Pero me salvo de la sobreexposición. Lxs pibes se van, pero sigo escuchando algunas voces. Claro, lo que él no se imagina, es que desde un tercer piso alguien testigo lo viene pensando como figura. Fuerza de choque, rati, milico, poli, cobani, yuta. La invocación nominalística es extensa.

No son obreros, no son trabajadores, son los milicos cuidando a los patrones.

Desde el jueves, me pasan afectos que no me es fácil traducir. No obstante, me es/fuerzo a la escritura porque la sensación y las imágenes se agolpan solas.

El sábado sonó esta idea de la transposición de la experiencia en unas jornadas en el Centro Cultural Conti denominadas VerPoder (allí, la pregunta por el quéhacer en esta paradojal coyuntura, nos abrió a la posibilidad de un verpoder que supone, a su vez, un poderhacer y viceversa: tal gesto deriva en un hacerpoder, colectivo, popular). La misma plaza y cuatro experiencias diferentes. No me vi sólo envuelta por la erlebnis, como en la escena testigo de la afrenta policial, sino que fui decidida a la experimentación de una instancia cronotópica peculiar, potencia de singularización. Asistimos, miles, a una toma de posesión urgente (quiero remarcar la asociación lúdica, impúdica con la expresión toma de posición) del espacio público histórica, con la plena conciencia fáctica del término empleado. La calle está siendo invadida por la peste de la militarización, desde su diseño urbano hasta la toma por asalto del territorio perpetrada por las disímiles fuerzas de seguridad. Chomba verde, bordó y celeste o azul oscuro.

POESÍA A LA GORRA

Tengo un deseo para estas fiestas

Tan próximas, tan ajenas

Deseo al triunvirato real, una amistad estratégica.

Hacer(me) amiga de un poli

Para explicarle algunas cositas

Que sólo amigas comunas, pueden hacerle entender.

Cuatro jornadas en que una categoría abstracta se erige en figura, adquiere forma, emerge y toma encarnadura en un cuerpo colectivo, anónimo, público. Para ser más precisa, hablaría (antes que de actor o, en todo caso, diría: auctor público, agente, potencia) de estado-pueblo. Modos en emergencia de un devenir-pueblo. El estado de lo popular podría concebirse como un humor, como estado anímico social por el que se transita como ser civil en agenciamiento con otrxs que acuerdan explícita y tácitamente, organizada y genuinamente, una aparición en el territorio de lo común. Contrariamente a lo que me viene en recuerdo de manera espontánea, los estados de agregación de la materia son cuatro: fácilmente se me aparecían el líquido, el gaseoso y el sólido pero me olvidaba del plasmático. El estado sólido refiere a la posibilidad de un objeto de presentar una estructura definida capaz de soportar la acción de fuerzas sin deformación aparente, manteniéndose resistente. En muchas ocasiones, porta además de una forma definida la memoria de una forma pudiendo restituir su configuración si ésta se ve afectada. Al aumentar la temperatura de un sólido, la forma antes definida comienza a perderse dando paso a la fase líquida de la materia, en tal estado tiene, por tanto, mayor capacidad de fluidez y adaptación al continente en el que se halle. El ente en tal estado posee movimiento de energía cinética. El estado gaseoso presenta un desorden más o menos grande de moléculas no unidas, expandidas, con poca fuerza de atracción lo que genera que el ente en tal estado no tenga volumen ni forma definida. Las moléculas están en estado de caos y se mueven tan rápidamente que se liberan unas de otras. Ocupan entonces un volumen mucho mayor que en los otros estados porque dejan espacios libres intermedios y están enormemente separadas unas de otras. Por eso es tan fácil comprimir un gas, lo que significa disminuir la distancia entre moléculas. La propuesta es pensar y arriesgar quéhacer con esta in/formación, formación informal, organización precaria, micropolítica e intensa revolución molecular, con estos devenires de un estado-pueblo.

Jueves respiro aire, respiro gas. Lunes respiro aire, respiro gas. Qué bueno que respiro con un limón encontrado en la calle que ya no sé si remedia o actúa como paliativo, como una sugestión eficiente.

El estado plasmático es un estado de gas en el que los iones con carga positiva y negativa están separados entre sí y son libres, favoreciendo la conducción electromagnética. Hay algunos otros estados que han sido generados en laboratorios, así como otros que sólo ocurren en condiciones extremas a las que se ve sometida la materia. Los tránsitos de un estado a otro son generados por una modificación en la presión o temperatura de la materia.

A modo de ejemplo: jueves y lunes procesos de vaporización y ebullición, los momentos gaseosos de la escena pública coincidieron con los momentos en que la temperatura arrojó aumentos. Martes, condensación, temperatura en baja, lágrima popular que cae del cielo, con incremento térmico hacia la noche, sobre todo en zona de Congreso (puede cotejarse la relación entre la variación térmica real de esos días y el uso de los gases lacrimógenos que se produce, aproximadamente, en los horarios de mayor calor, generando este juego improvisado entre los estados químicos, el pasaje de uno a otro y la temperatura real, sumado a la sensación térmica del enfrentamiento a la represión).

Poesía a la gorra

No sé, si algo te mueve,

Acaso qué sea.

Confieso: tuve

(y algo queda) miedo

Quiero hablar con vos, pero no así, no, que sea diferente.

“Son robots, solitarios y angustiados,

absorbiendo

cada vez más

las drogas que el poder les proporciona,

dejándose fascinar

cada vez más

por la publicidad.

Y cada escalón de promoción les proporciona cierto tipo de morada y de prestigio”. En Micropolíticas. Cartografías del deseo.

La percepción normal y ordinaria de la experiencia junto a la opinión que de ella se desprende se encuentran en estado solidificado y es en este percatarse del Estado que adviene la posibilidad de modificar la realidad. Las leyes que se nos imponen son sólidas, no devienen de una verdadera producción de existencia, sino que estrangulan la capacidad de creación. Sin embargo, la tensión generada punza, horada el tejido de lo social y produce la posibilidad de la línea de fuga, alguien se cae para levantarse luego, alguien huye para volver de madrugada. Abrimos, de repente, las palabras, extraemos en la caída vectores de tierra que permiten hacer de estas escrituras, formas líquidas, gaseosas, sombras inventadas, se infiltra la posibilidad de hablar en el estrangulamiento, la turbulencia nos hace inventar leyes. Ese devenir-pueblo es un estado efímero, intermitente y caótico en el que, obligados por las circunstancias, nos envolvemos, para luego generarlo autárquicamente como una manifestación, como una pronunciación tajante o, ante la corrida, como un retorno que empuja para ser, finalmente, una aparición expresiva sin objetivo más preciso que el de aparecer (y no morir en el intento), con la exigencia de seguir apareciendo. Y lo que estaba desunido, se une. Y lo que parece solidez neoliberal se tambalea. La plaza como lugar para la infancia de la experiencia, aloja el espectro del pueblo como ente abstracto y lo encarna en miles de cuerpos autoconvocados, el canto popular, el grito, la afrenta al padre-empresa (negación que el propio presidente en su calidad de hijo mimado y caprichoso no ha podido hacer).

“Otra función de la economía subjetiva capitalística es la de la infantilización. Piensan por nosotros, organizan por nosotros la producción y la vida social. Consideran que todo lo que tiene que ver con cosas extraordinarias —como el hecho de hablar y vivir, el hecho de tener que envejecer, de tener que morir— no debe perturbar nuestra armonía en el puesto de trabajo y en los lugares de control social que ocupamos, comenzando por el control social que ejercemos sobre nosotros mismos. La infantilización —como la de las mujeres, la de los locos, la de ciertos sectores sociales o la de cualquier comportamiento disidente— consiste en que todo lo que se hace, se piensa o se pueda venir a hacer o pensar sea mediado por el Estado”. En Micropolíticas. Cartografías del deseo.

Pero, ya lo dijo Marx: “All that is solid melts into air. Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profano, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas”.

La lucha en la escena pública, en el espacio vedado a la libre circulación, en nuestra zona callejera de confort que se ve invadida por la militarización es una lucha territorial, por el propio suelo que nos sostiene, pero también por la propiedad del cuerpo propio. La aparición performativa (si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está) nos instala corporalmente (voz y carne, son la misma cosa) en el campo de lo público, es decir, en el campo de batalla, en la escena de lo político frente a la representación policíaca al interior del recinto donde la mesa chica discute lo que le es vedado al pueblo, sin oportunidad de tomar la posesión de la palabra, pero sí de arrogarse la posición-posesión en la plaza, el grito se eleva, y se hace sólido en el aire, pega como piedrazo en el casco de algún policía o en el rostro de un infiltrado. Sin referéndum popular, los trabajadores reclamamos para nuestro sí mismo condiciones de vida más vivibles. Una micro revolución molecular sucede, se modifican los estados y el otrx se hace presencia viva en mí. Lo policial y lo político son modos de abordaje de lo simbólico. De otro modo, la lucha por el territorio geopolítico, legal, físico, corporal es una disputa por el espacio de lo simbólico, un ataque a un sistema representativo que no nos permite ninguna clase de singularidad sino más bien nos identifica con uno u otro modo de adscripción ideológica, que forman parte del mismo sistema de economía política y subjetiva. La desobediencia civil es la rebelión al hijo pródigo (que despilfarra o gasta sin cuidado los bienes de nosotrxs), la muerte simbólica del papá-empresa. Si el sistema no funciona, apagar y prender, reiniciar. El Estado, ya lo dijimos, se desvanece en el aire, donde haya espacio libre allí irán sus moléculas errantes (civiles) y el gas se expandirá hasta llenar por completo cualquier continente.

“Tendremos que reconocer que el enemigo no está únicamente bajo los imperialismos dominantes. Está también en nuestros propios aliados, en nosotros mismos, en esa insistente reencarnación de los modelos dominantes, que encontramos en los partidos o en los líderes”. En Micropolíticas. Cartografías del deseo.

El martes celebro un congreso popular, sin valla pero con ley vigente. El miércoles tomo aire limpio de gas, para perpetuar la experiencia de la cúpula recortada en la ceguera que impone el sol (y el gas) de frente. El jueves, después de la lágrima y los insultos, finalmente traduzco y despego de mi circunstancia, deformo la experimentación y la vivencia, la regalo.

Que no nos vengan a querer entorpecer el movimiento. Me caigo (en la corrida, como pieza de dominó) y me levanto. Cuento moretones en las piernas y ojos rotos como contraprestación a la flor ofrecida al milico, como clausura a la poesía de pueblo. La confabulación de nuevos modos sensibles del hacer y del decir comenzará colectiva, minoritaria, precaria, condición primaria para tornarse rev(b)elación de minoría intermitente. Y ahí, por más palo o gas lacrimógeno que nos persiga, con la fuerza de un anonimato identitario, se subvierte la idea de lo político y el canto del Estado-pueblo inaugura la crítica de la política en su lógica representativa e institucional.

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