En 2004 nos mudamos con mi familia a Bariloche. Desde entonces fui y vine mil veces entre Bariloche y Buenos Aires. En estos catorce años fui tres veces al Cerro Catedral: una para conocer “la base”, lugar curioso que parece un set de filmación de una gran estudio hollywoodense, donde es inevitable sentir el extrañamiento. La otra para ir desde esa base al refugio Frey, y la última hace un par de semanas, cuando la empresa CAPSA “liberó” la aerosilla para los residentes de Bariloche con excusa del festejo por los 80 años del cerro (sí, 80 años desde que Parques Nacionales comienza las obras para llegar hasta ahí). Así que aproveché a subir con una amiga para caminar y sacar fotos, a mirar y registrar esa tierra arrasada. Allí me encontré con filas de barilochenses contentos, muchos de ellos, como yo, conociendo el cerro por primera vez. Intenté imaginar todo ese paisaje transformado por la nieve, con gente vestida como astronautas, surcando las pistas.

¿Cuántas personas de Buenos Aires conocen el Cerro Catedral, cuántas fueron alguna vez ahí? ¿Cuántas personas de Bariloche? ¿Quiénes, o mejor dicho, de cuál de todas las “Bariloches” que existen? Más allá de la cuestión numérica, el Cerro Catedral es nuestro mito: la fuente de chocolate que rebalsa para llenar a todo Bariloche con sus mieles. ¿Qué sería de Bariloche sin el Cerro Catedral? ¿Qué siente Bariloche cuando no nieva? El nuevo proyecto para extender la licencia por 30 años a la empresa C.A.P.S.A (Catedral, Alta Patagonia, Sociedad Anónima, que tiene la concesión desde 1996) está ahora en debate, tiene -entre sus múltiples planes de ampliación y extensión de hectáreas, cancha de golf y nuevas pistas- la idea de “fabricar nieve”. Esto puede ser un detalle, de hecho lo es, comparado con el debate por el acceso al Cerro, al manejo privado, la explotación natural, el necesario enfoque social-ecológico-económico… pero lo resalto porque “el diablo se esconde en los detalles”. Me parece sintomático, paradójico el hecho: nieve falsa en la ciudad que todos los años festeja “La fiesta de la nieve”.

Negocio/trabajo vs. explotación de los recursos y exclusión social, esta es la dicotomía que atraviesa generalmente a las ciudades turísticas. Así como en otras ciudades patagónicas como  Esquel o Jacobacci, se debatieron “Sí a la mina/No a la mina”. El lunes 12 y el martes 13 de Marzo se realizó audiencia pública en el Consejo Municipal de Bariloche por el contrato de concesión del centro de ski, negocio inmobiliario que promete (más) espejitos de colores. Y esas fueron las dos líneas principales del debate. Con una lista de 124 oradores se habló de los 700.000 turistas en invierno, las reservas anticipadas, las frondosas ganancias, contra un reclamo de un cerro de gestión pública, cooperativo -como puede ser el caso del Cerro Batea Mahuida gestionado por el pueblo mapuche en Villa Pehuenia, Neuquén-y con mayor acceso a la población.

Así como se fabrica la nieve, se fabrica la imagen de un Bariloche turístico en donde el Cerro Catedral juega el rol protagónico de esta película de entretenimiento familiar. El Catedral es la cara más visible, la punta del iceberg que esconde la sociedad desigual que es Bariloche.

Maia Gattás Vargas

UBA/UNRN