Si tomamos de la teoría una definición minimalista, y por qué no elitista, la Democracia sería aquel sistema en el que es posible la alternancia de poder, las elecciones libres y universales, y la incertidumbre de los resultados. Es al mal nombrado “populismo” o a los gobiernos de centro izquierda a quienes más se les reclama por un supuesto atropello a esta simple definición de democracia.

Bien podríamos comenzar discutiendo esta definición liberal por su contenido puramente procedimental, por restringir a pensar la democracia como un sistema de igualdad de oportunidades, o si quisiéramos también, criticarla para defender una democracia participativa realmente popular y no meramente representativa. Pero qué complicada se puede tornar la discusión si los propios liberales y la propia derecha acusadora ni siquiera respetan su definición a la hora de gobernar. Esto está pasando en Brasil. Y lo más remarcable es que no están escondiéndose detrás de tanques de guerra y botas militares: lo están haciendo detrás de escritorios de jurados y libros de derecho.

Así, el miércoles pasado la Corte Suprema brasileña, con 11 jueces deliberativos, decidió por 6 a 5 votos denegarle el habeas corpus al posible próximo presidente de la República Federativa del Brasil: Lúiz Inácio da Silva, Lula. Dejándolo a un paso de impedirle su candidatura.

Detrás de escena

De la mano del juez Sérgio Moro, Lula es acusado de corrupción en una causa que “no tiene pruebas pero sí convicción”, según Deltan Dallagnol (procurador de la causa). El juez Moro no viene de cualquier escuela, hizo sus cursos legales en la Universidad de Harvard en Estados Unidos, pero no satisfecho con su formación norteamericana en 2009 participó de los entrenamientos para juristas brasileños realizados por el Departamento de Estado de EEUU. “Moro es parte de una generación de jueces, de una franja de edad de 40 años, que parece que se encantó con una vision del derecho norteamericano. Tal vez influenciado por series de TV, terminó bebiendo de esa fuente. El problema es el trasplante de institutos norteamericanos en el derecho brasileño sin ninguna adaptación y crítica en relación a  nuestro sistema. En los EEUU, si divulgás una conversación de un presidente de la república [como Moro hizo con la ex-presidenta Dilma Rousseff], vas preso, por ejemplo” (Patrick Gomez, abogado consultado por Brasil de Fato: “Super-Moro: as origens de un juiz acima da lei”- 18/01/18)

En el Congreso varias figuras acompañan el perfil de Moro. Reconocidos diputados fascistas son parte de las filas más activas de la elite brasileña hoy. Jair Bolsonáro, del Partido Social Liberal, es uno de sus mejores representantes. Conocido por racista, homofóbico y un gran admirador de la última dictadura brasileña, durante el proceso de impeachment a Roussef votó en nombre del Coronel Ustra, torturador de Dilma durante el proceso autoritario. Lo acompañan diputadxs involucrados en causas de corrupción y abusos evangélicos, y compañeros de listas y negocios de Eduardo Cunha, impulsor de la destitución de Dilma y desplazado por enormes sumas de dinero corrompido.

Pero la causa no queda en los juzgados. El acompañamiento mediático del Lava Jato permite entender más de lo que lo rodea. La Rede Globo, corporación monopólica mediática brasileña, ha sido el puño y letra de la elite brasileña en los últimos años. A través de su radio, su canal y su diario (involucrados también en varios casos de corrupción y lavado de dinero) han funcionado como interlocutor del gobierno del golpe parlamentario: desde la justificación al impeachment inconstitucional a la presidenta electa Dilma Rouseff a un bombardeo mediático de notas amarillistas demonizando a Lula y al movimiento popular que lo acompaña. Tal es la tarea, que ante una resistencia de la sociedad brasileña y los movimientos sociales en defensa de Lula, como está aconteciendo ahora en São Bernardo do Campo, O Globo no encuentra mejor noticia que difundir que las compañeras y compañeros están haciendo carne a la parrilla para comer durante el acampe (O Globo: “Manifestantes preparam churrasco na porta do sindicato” – 6/04/18)

Por último, en este detrás de escena de la elite brasileña corrompiendo la Democracia, se encuentra el General  Villas Bôas, jefe del ejército brasileño, conocido internacionalmente por sus últimos tweets en dónde afirmaba “compartir el anhelo de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad y en respeto a la Constitución, del mismo modo que se mantiene atento a sus misiones institucionales”. La Rede Globo, en su canal televisivo, confirmaba que se trataría de una presión en vísperas de una futura intervención militar si las decisiones de la justicia no fuesen las esperadas. Tal fue la repercusión internacional que propios miembros del ejército salieron a desmentir esa suposición.

En escena: el Supremo Tribunal Federal

Con todos estos elementos, y con múltiples movilizaciones en la calles, el miércoles pasado la Corte Suprema votó el pedido de habeas corpus de Lula. En una escena judicial cuasi novelesca, similar al voto en el Congreso por el impeachment de Dilma (donde diputadxs votaban por sus hijxs y sus parejas) la corte negó el pedido y el poder judicial volvió a funcionar como un riñon del ejecutivo y de las clases altas brasileñas. Sin pruebas, sin representatividad social, sin argumentos propios, el STF se volvió ya parte del juego del golpe parlamentario, dejando a quien lidera todas las encuestas de popularidad para las elecciones venideras a un paso de la cárcel en una causa que es política, mediática y de clase.

En “Um espectáculo deprimente”, nota de opinión para Brasil de Fato, Joao Paulo Cunha afirma que “la falsedad de la farsa en escena y transmitida en vivo fue más allá de los personajes y del ambiente. El guión que hacía que la escena avance también estaba atravesado de mentiras. No se juzgó el habeas corpus, sino el significado del ex-presidente Lula en la vida política brasileira. La inviabilidad electoral era una de las entregas del golpe que comenzó con el impeachment. La sesión en el STF preparó la cama para nublar el potencial democrático de la elección. Fue ese el sentido de la reunión en la trama más amplia del golpe”.

Sin botas ni bastones 

Es histórica la definición de Democracia contemplada al principio; es histórica la acusación a los gobiernos populares de no respetarla; pero, y sobretodo, es histórico que quiénes realmente atropellan esta idea en la realidad empírica de nuestros países son las mismas elites que las manipulan. En nombre del orden han impuesto dictaduras, en nombre de la antisubversión han torturado y asesinado sistemáticamente, en nombre del futuro han endeudado y quebrado las economías. Hoy en nombre de la Constitución corrompen y golpean la democracia. En Brasil, la sociedad está a un paso de ser impedida de votar al candidato que lidera todas sus encuestas, esa misma sociedad que fue engañada e impedida que su presidenta electa termine el mandato.

Pero en toda Latinoamérica también en nombre de la manoseada democracia hay presxs políticxs y persecución política como en Argentina, oposición violenta que ataca elecciones como en Venezuela, o persecuciones y asesinatos como en Colombia o en México. Podrán haber cambiado las botas y los bastones, pero los intereses y los bolsillos son los mismos.

Abril García Mur