Son de esas ventanas que sólo se abren del extremo inferior. De allí, sale un puño. Firme. Ese puño, luego se abre y muestra su palma. Es un gesto, un saludo, un reconocimiento. El brazo se extiende y roza el marco de metal. El marco de metal del edificio del sindicato, su hábeas corpus.

El fallo del Juez Moro confirma el intento de proscripción de Lula en una clara maniobra política impulsada por la derecha, los grandes grupos concentrados de la economía y el poder judicial. Lo frenético del fallo – aún a riesgo de ser considerado torpe y apurado- responde a una cuestión eminentemente electoral: Lula es quien mayor intención de voto tiene para las próximas elecciones. El rechazo del hábeas corpus para mantener la libertad mientras se desarrolla el curso de la investigación pone en evidencia que poco importan las acusaciones de corrupción. En efecto, el dictamen carece de todo tipo de pruebas que fundamente la vinculación de Lula con una “dádiva” inmobiliaria. La intención es proscribir.

Su cuerpo ahora se estira e intenta superar la ventana. Su rostro curtido, irrumpe y rompe la gente en llantos. Reconoce esa mirada obrera, le concede toda su razón de ser. Expresa un lazo inquebrantable.

Ante todo, la proscripción busca desterrar al líder y quitar todo rastro de su nominación de la esfera pública. Es, de hecho, una intervención sobre el estado de la lengua en el sentido de que modifica los efectos del acto performativo de nombrarse o nombrarlo. De allí, la importancia de la memoria para (re) inscribir todas aquellas marcas sobre la materialidad de lo sensible e invocar la resistencia. Eso ocurre cada vez que el pueblo mira a Lula: reflota la memoria y pone en perspectiva las experiencias de vida. El pasado de hambre y la imposibilidad de acceder a los diferentes niveles de la educación y de salud; el recuerdo de la pobreza y de las huellas de la estigmatización; y con ello, el ascenso social, el cambio de barrio, una nueva forma de presentarse en la vida social.

Lula comprendió el carácter continental del país al llevar el Estado hacia los rincones más olvidados de su extensión. Por ello, la proscripción busca la regresión al orden natural de las cosas, a ese orden que se intentó trastocar durante su presidencia y la de Dilma, como si en ello se reafirmara simbólicamente las capas de lo inaccesible.

Ha pasado la noche, en vela, en vilo, en vigilia. El continente Brasil no descansa. Se agolpa en las calles y las puebla, como el MST que “tranca rodovias” y murmura:  “Se acabo el vals, es murra, es guerra, es lucha y venceremos (…)” (Alexandre Conceição -referente del Movimento dos Trabalhadores Sem Terra).

La noche es la niebla de una democracia frágil y agonizante, que lacera la esperanza de la población desplazada y que ve en el PT un camino posible de mejoras sociales y personales. Amanece y el rostro de Lula, reflejado en los miles a orillas del sindicato, descubre que el asunto se ha vuelto regional. Siempre lo fue pero ahora se ha evidenciado globalmente como una problemática de Nuestramérica. El vasto campo popular reclama por Lula y exige el cese de su persecución. Vitorea en las calles, frente a las embajadas, en las asambleas, en el congreso, en las unidades básicas. El entramado de voces se proclama y hace voz de la resistencia. Lo dice Lindbergh Farias (senador por el PT): “Si quieren arrestar a Lula, tienen que venir aquí e invadir el sindicato de trabajadores metalúrgicos por segunda vez en la historia, frente a esa masa”.  

El fallo del juez moro es un elogio de la proscripción, cuya genealogía se remonta a la destitución de Dilma y la asunción ilegitima y autoritaria de Temer. La democracia se torna frágil ante la incidencia del poder judicial y las operaciones mediáticas; el Estado de derecho se pone en cuestión y habilita la mutación, por otros medios, de quienes tradicionalmente detentaron el poder. Así, reingresan a la esfera pública las amenazas de las FFAA y de los cómplices de las dictaduras. Ante ello, la respuesta popular es inmediata y simultánea en la región.

Lula está expectante y no se entrega en horario. Los medios masivos ponen el “conteo final” y muestran lo peor de la operación política. La calle está poblada y a las 17 hs -plazo cumplido- gritan Resistencia.

 

Lucas Saporosi