El fútbol es la excusa, tanto en el fútbol patriarcal como en este otro, que nos animamos y decimos es feminista, aunque aún no existe como tal. Está en construcción porque parte de sus cimientos tienen que tener que ver con pensar y repensarse, la propuesta feminista debe animarse a tener en sus raíces placas tectónicas que se mueven aunque no siempre sintamos el temblor y que de repente, ola, tsunami de sentidos.

Poco tiempo después de haber finalizado la Copa América de Fútbol Femenina llega el Mundial de Fútbol Masculino, los presupuestos son distintos pero las preguntas le caben a los dos vestuarios,

¿Qué pasa con el feminismo y el fútbol?

La pregunta se desborda porque la ola feminista ya inundó él, los campos de juego y los rincones de nuestras vidas. Tal es así que el Seleccionado Nacional de Fútbol Femenino sacando un justo provecho de su buen desempeño durante la Copa América, organizó una foto que pusiera en agenda las precarias condiciones que tiene la disciplina.

Con las manos en las orejas le hacían el topo yiyo a los periodistas que registraban la revelación argentina reclamando ser escuchadas luego de que la marca Adidas convocara a una modelo para lucir la camiseta y no a las propias jugadoras como sucede con el seleccionado masculino.

Es la camiseta pero también son las diferencias salariales, las precarias condiciones de entrenamiento, la poca difusión que hacen de la disciplina. Las jugadoras ya no se callan y esto tiene mucho que ver con el feminismo. No es casualidad que las jugadoras se organizaran para hacer la foto y se animaran a hacerlo. Los empoderamientos son personales y colectivos al mismo tiempo, esto es lo que el feminismo viene a imprimir en las casas, en los trabajos y en el fútbol.

Aunque no se hablaba de feminismo, el fútbol femenino argentino viene tejiendo hace muchos años para que las mujeres puedan jugar al fútbol. Muchas futbolistas son las que han abierto la cancha para hacerse de un lugar propio y para otras. Vale nombrar y reconocer a Las Pioneras del Fútbol Femenino, mujeres futbolistas que jugaron entre 1950 y 1990 y hoy le dan voz a esa historia de juego y lucha, y de ahí, las nuevas generaciones que seguimos construyendo fútbol, ahora sí, con el desafío de poner en crisis la idea de lo femenino y poner a jugar al feminismo que distinto, tiene otras propuestas y otros desafíos.

El feminismo no es un asunto de mujeres, trasciende la disciplina del género, no discute con los varones, pone en crisis al patriarcado, señala sus opresiones visibles y obvias pero también las que van por lo bajo (más sutiles) pero igual de estructurales.

Y el fútbol como parte de las tantísimas cosas que pasan en este mundo no escapa a esa lógica patriarcal, tampoco el fútbol femenino.

En primer lugar porque las mujeres no están exentas de tener pensamientos y prácticas que replican lo que el patriarcado manda, que hay cuerpos que valen más que otros, que ganar es más importante que jugar, que en los vestuarios hay jerarquías, que la camiseta tiene un precio. El patriarcado es la referencia para hacer política y para jugar fútbol, deconstruir con sinceridad esas prácticas es lo que nos permite ser un poco más feministas y esta tarea se ve reflejada en la agenda diaria de nuestras vidas, en esos detalles que creemos que no son importantes pero que para algunes puede significar existir o no.

En segundo lugar, el feminismo no es de LAS mujeres, es de TODES, y el uso de la e, que tanto cuesta porque incomoda hacerse de un lenguaje nuevo, que causa gracia o se termina incluyendo en un documento más por corrección que por convicción política es el mejor ejemplo de que el feminismo tiene que cortar mucha tela, y es el puntapié para pensar que al fútbol feminista le falta abrir la cancha. No se trata de la lucha por la letra e, esto es un ejemplo para demostrar que cuando las futbolistas hablan de fútbol feminista aún están pensando en mujeres que juegan al fútbol, y que si se piensa en otros cuerpos es desde una perspectiva de legitimación, como si no supieran esas mismas mujeres que no hay que pedir permiso para jugar a la pelota. Esos otros cuerpos que no son mujeres no necesitan autorización para jugar, pero si necesitan de todes para construir feminismo.

El feminismo nos permite además pensar la idea misma de lo femenino, muchos de los cuerpos que juegan fútbol femenino no se identifican con esta caracterización y prefieren sus expresiones incluso masculinas, por lo que el feminismo se vuelve la oportunidad de que no tengamos miedo de nombrar nuestros cuerpos fuera de las reglas del género, tan funcionales al hetero cis capitalismo patriarcal.

Y es también la posibilidad de inventar otras reglas, ¿quién dijo que los equipos deben ser de mujeres o de varones? Hoy, que el fútbol femenino se ha popularizado bastante, pasa algo muy particular, hasta aproximadamente los 11 o 12 años les niñes pueden jugar mezclados niños y niñas, luego ya no. Lo que sucede es obvio, aparecen las tetas y los pitos, y de ahí en más se cercena la posibilidad del espacio común más allá del género, por el juego mismo, el aprendizaje colectivo, la experiencia de ser equipo, compartir una jugada, preguntarnos si estamos bien cuando se entrena con mucho frío.

La construcción de un fútbol feminista nos exige poder hacernos esta pregunta, ¿podríamos armar un equipo conformado por un rengo, dos gordas, una lesbiana y una piba? ¿dos varones, dos mujeres, una travesti, dos pibes trans? ¿es la identidad de género el mejor criterio para armar un equipo? ¿Es el capacitismo corporal la regla para poder ser convocade a jugar?

Alguna vez se estipuló que el fútbol 11 son dos tiempos de 45 minutos, ¿será que es posible deconstruir el tiempo?

No se trata de jugar mixto, se trata de habilitar la mixtura, de animarnos a ella, y dar el puntapié para pensar en una nueva ética deportiva, una que ponga en la cancha la idea de que si no juegan todxs lxs del equipo no hay trofeo que valga, que no vale ser el más rápido si no podemos abrazarnos al final del partido. La fuerza feminista, el poder colectivo, la autogestión de nuestros deseos, nos han permitido señalarle al patriarcado que las mujeres futbolistas ganan menos (mucho menos) que los futbolistas varones, y ahí vamos, queriendo derribar la ley de la desigualdad salarial, ¿será que podemos también derribar la ley que dice que los equipos los conforman futbolistas son hombres y/o mujeres? En este momento sin ir más lejos estamos a horas de saber si se aprueba la despenalización del aborto. ¿Sera que si podemos deconstruir las reglas?

El fútbol es la excusa, tanto en el fútbol patriarcal como en este otro, que nos animamos y decimos es feminista, aunque aún no existe como tal. Está en construcción porque parte de sus cimientos tienen que tener que ver con pensar y repensarse, la propuesta feminista debe animarse a tener en sus raíces placas tectónicas que se mueven aunque no siempre sintamos el temblor y que de repente, ola, tsunami de sentidos.

Si decimos que lo femenino se volvió feminista debemos asumir la responsabilidad de estas palabras, el fútbol feminista no es fútbol de mujeres, es de futbolistas, entendiendo que futbolista son los cuerpos adentro y fuera de la cancha, una apuesta a construir un feminismo donde la identidad tenga más que ver con lo que nos gusta hacer, lo que hacemos, lo que hacemos con otres y no una canasta de etiquetas impuesta a la fuerza siempre rendidora para algún nicho.

Mientras tanto, claro, más vale, batallaremos para que la selección nacional femenina de fútbol tenga pelotas para entrenar, y mejores salarios, y que en las escuelas el fútbol sea tan opcional él como vóley para todes les alumnes, y también lucharemos por la profesionalización de la disciplina profesional, y todo esto construirá fútbol feminista si estos esfuerzos militantes están pensando y practicando algunas de las cuestiones presentadas hasta aquí.

Abrir la cancha, mirar a le compañere, pasarle la pelota. El fútbol siempre nos puede regalar una postal para la militancia, para la vida, pero es pintura vieja si no se hace eco de que ha llegado el momento de ponerle el cuerpo a la invención de palabras que nos están faltando, ¿cuál es el puntapié de esto? No creer que las mujeres son las dueñas de la pelota cuando la agenda feminista arde y pareciera ser que los tiempos se comen la revolución.

Si hay un hacer feminista de la política estemos segures que tiene más que ver con compartir la cancha que con guardarse la escritura, quizás necesitemos más asambleas, de estadios llenos y no de vestuarios cerrados.

Moyi Schwartzer

Futbolista