Cada 24 de marzo, al despertar, se produce una transición entre el sueño y la vigilia marcada por la angustia, una percepción del cuerpo y del inconsciente que advierte sobre qué día es y su significado profundo doloroso. A 43 años del Golpe genocida, del golpe eclesiástico-cívico-militar, estamos lejos aún de “Nunca Más”.

Uno de los rasgos distintivos de los gobiernos kirchneristas fue el impulso de las políticas de la memoria. Desde reasumir la responsabilidad en nombre del Estado argentino en la violación sistemática de los derechos humanos, hasta brindar el apoyo y herramientas de ese Estado para la lucha y la búsqueda de Madres, Abuelas e Hijos.

Así, durante esos años, el 24 de marzo fue sinónimo de Memoria, Verdad y Justicia, y también de reivindicación popular. A los militantes y partidos políticos, comenzó a sumarse en más calles una marea popular, en jornadas muy distintas a aquellos 24 de los ’90, donde en la Plaza los actos, las pancartas y la Memoria, compartían espacio con baldosas vacías, la mirada indiferente o curiosa de transeúntes, y el silencio estatal.

Con los procesos de los 12 años kirchneristas podemos sostener que la lucha de Madres, Abuelas, Hijos y Organismos de Derechos Humanos logró imponerse luego de 30 años de intentos de silenciamiento, convirtiendo a la Memoria en política de Estado.

Pero como sucedió en otros ámbitos y con otras políticas, las de la Memoria son también un objetivo a desarticular por parte de la Alianza Cambiemos.

Tesis VI

En su “Tesis VI” Sobre el concepto de historia,  Walter Benjamin advierte que: “si el enemigo triunfa, ni siquiera los muertos estarán seguros”. En los tiempos que transitamos, el triunfo de Cambiemos supuso (supone) el peligro sobre el cual llama la atención esta Tesis.

Como todo proyecto que declara y busca un “cambio cultural”, la Alianza-Cambiemos se propone desarticular sentidos y significantes, viejos y nuevos, arraigados en la memoria colectiva de sectores populares, trabajadores, estudiantiles. Sus ataques a las políticas de la Memoria relacionada con la última dictadura se  realizaron a distintos niveles: quita de apoyo estatal a Organismos de Derechos Humanos, intento de vaciar de contenido el 24 de marzo convirtiéndolo en un simple feriado móvil, reivindicación por parte de funcionarios e intelectuales orgánicos de la “teoría de los dos demonios”, intento a través de la nueva Corte Suprema de Justicia de implementar el 2×1 para crímenes de lesa humanidad, con lo que muchos condenados dejarían las cárceles comunes y terminarían sus días en la comodidad del hogar.

Éstas, sólo algunas de las acciones llevadas a cabo desde el aparato estatal, buscan romper los consensos construidos a través de años de lucha, a través del reclamo incansable contra la impunidad de los genocidas. ¿Por qué atacar estos consensos y tratar de reinstalar temas como la “teoría de los dos demonios”? Una respuesta posible, aunque no única, puede ser que luego de los juicios a militares, el siguiente paso sería ir por los cómplices y responsables civiles. Y es la clase de esos cómplices y responsables civiles, e incluso sus familias, quienes gobiernan desde el 2015.

Con la victoria de la Alianza-Cambiemos, llegó al poder por primera vez por vía democrática, la clase que siempre llegó al poder mediante golpes militares. Pero los beneficiarios de la última dictadura, quienes se enriquecieron, no se volvieron democráticos con la vuelta de la democracia en el ’83; y hoy, en posesión legal del Estado, hacen blanco en las políticas de la Memoria. Y es que la última dictadura es el recuerdo trágico e imborrable de hasta donde son capaces éstos sectores de llegar para mantener y aumentar sus privilegios. Por ello, el ataque a las políticas de la Memoria, que aparece más profundo que el silencio oficial de los ’90, se suscribe en el proyecto cultural de la Alianza-Cambiemos, proyecto tendiente a re significar la historia; a lavar culpas y proponer “reconciliaciones” que en realidad borren la memoria de los sectores populares, de las luchas obreras, de las identidades oprimidas. Una “reconciliación” con la que, siguiendo a Benjamin, ya ni los muertos estarían seguros, siendo torturados, muertos y nuevamente desaparecidos en los terrenos de la Memoria.

Volver al Nunca Más

Por todo esto, urge volver a problematizar  ese “¡Nunca Más!” que evocamos y gritamos cada 24 en la Plaza. Un Nunca Más que si bien nunca está completo, hoy está en peligro; peligro, porque desde el Estado se amenaza a la memoria y se implementan aquellas políticas que Walsh denunciaba en su Carta a la Junta en el ’77. Peligro, porque desde el presidente para abajo, gobiernan los sectores y familias que se enriquecieron con la dictadura; quienes disciplinaron a la clase obrera mediante el terror, quienes se quedaron con empresas en sala de tortura; quienes como ayer, hoy endeudan al pueblo, entregando al país al FMI; quienes tanto ayer como hoy, utilizan la concentración de medios de comunicación para, no sólo esconder sus crímenes, sino para convertir esos crímenes en la llave del progreso y de un mañana de abundancia.

Por último, el Nunca Más está en peligro, porque si se abandona la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia como política de Estado, se permite y garantiza la impunidad, porque la desaparición forzada de personas es un delito que se sigue cometiendo y no cesa, hasta que se sepa el destino del último desaparecido o desaparecida, hasta que el último nieto y nieta apropiado recupere su identidad.

En este año vertiginoso, con el calendario electoral al acecho, urge volver a revisar el entrecruzamiento de sentidos, discursos y luchas, para articular un proyecto con voluntad y capacidad de retomar el poder y disputar hegemonía. Porque como advertía Benjamin, si el enemigo vuelve a triunfar, el peligro no perdonará al futuro ni a la Memoria.

Por Alejandro Gómez

Comunicador Social / Docente

Fotografia: M.A.F.I.A.