Lo que sí podemos hacer es encarar los cambios internos de fondo

que nos pongan en condiciones de aspirar al poder

John William Cooke, 1964

 

Un lugar en la historia

Escribir bajo la circunstancia de la urgencia ha sido mi oficio durante muchos años. También lo fue, eludir lo “anecdótico” para centrarme en lo “objetivo”. Esta vez, intentaré un promedio entre el apremio y la subjetividad para pensar lo más lejos que pueda, hacia “atrás” y de cara al porvenir.

A mi modo de ver y de escuchar, el último video de Cristina no sólo sirvió para comunicar una candidatura largamente esperada, sino que configuró un llamado a la acción en varias direcciones.

Un llamado a la acción, en primer lugar, destinado al peronismo (ésa fue la parte del mensaje que no me “alcanzó”, ya que el mazacote que hoy es “el peronismo” no me representa, así como tampoco me “enamoran” ninguna de las categorías totalizadoras del campo popular, izquierda incluida).

Una segunda destinataria fue la militancia —y extensiones— kirchneristas (ahí sí, el video de Cristina me agitó el cuerpo entero). En este plano de la lectura, se me hizo evidente la pirueta discursiva mediante la que Cristina conectó el presente con las reflexiones que ella misma había compartido en su despedida presidencial, en el 2015, frente a la Plaza de Mayo colmada.

[Cristina, el 9 de diciembre de 2015: “Pero lo que creo fundamentalmente, es que nosotros tenemos la obligación de ser más maduros. ¿Saben por qué? Porque nosotros amamos a la patria profundamente, nosotros creemos en el pueblo, creemos en lo que hemos hecho y como creemos en lo que hemos hecho, tenemos que tener la actitud positiva para ayudar a que esas cosas no puedan ser destruidas”.]

Fue fácil asociar aquellas y estas palabras con lo que propone Damián Selci en el capítulo 3 de su Teoría de la militancia. O con lo que, lxs más viejxs, aprendimos y experimentamos como el encuadre militante en los años 70. Ni más ni menos que el llamado a asumirnos como cuadrxs y ponernos al servicio de la utopía de cambiar el mundo. De disputar nuestro “lugar en la historia”.

Como aquél, éste fue el llamado a renunciar a nuestras aspiraciones de clase, banales, oportunistas, excéntricas, individualistas para reconvertirnos en sujetxs de una transformación genuina. El llamado fue a reconfigurar nuestra relación con el Estado —tan parecida a la del “cualunque” en la insatisfacción de la demanda—, para transformarnos en motores de la reconstrucción que será necesaria e impiadosa.

Desde luego, Cristina también les habló a lxs que votaron a Macri y están desencantadxs, a lxs descreídxs de la política, a lxs cacerolerxs de teflón antiadherente, a lxs “señora Bisman”, a lxs que se acomodaron en la grieta y todas las demás mierdas que la mierda de Clarín les inoculó durante los últimos veinte, treinta o cuarenta años. Porque la disputa (ella lo sabe mejor que nadie), sigue siendo por el sentido (por la vida) que las corporaciones mediáticas hegemonizaron, malversaron y traficaron con la etiqueta de información. Orden pasteurizada en cadena nacional.

Los ideales, las convicciones, las utopías

[Cristina, el 9 de diciembre de 2015: “Podemos mirar a los ojos de las Madres, de las Abuelas de Plaza de Mayo, de HIJOS, que hemos dado respuesta al reclamo histórico de memoria, verdad y justicia. Podemos mirar a los ojos de los trabajadores para decirles que nunca los traicionamos, para decirles que siempre tuvieron paritarias libres, que nunca les reclamamos ningún pacto social de salarios. Podemos mirar a los ojos de los científicos, de los que volvieron y de los que se quedaron para hacer el aguante y decirles que les hemos reconocido sus derechos, sus haberes, sus conocimientos como nunca nadie lo había hecho antes.]

El video me sorprendió, sobre todo, por la aventura simbólica, otra vez, desplegada en muchos planos simultáneos. Cristina la anunció un sábado muy temprano, a través de sus canales sociales, dejando en off side a los medios gráficos (amigos o no) y a los digitales con sus ediciones dominicales ya listas.

El anuncio se difundió el día de la escarapela (casi, como un chiste o previendo los memes que pudiera generar la constatación rápida de ese dato bobo).

De inmediato, del contenido del mensaje surgía una progresión magnífica de reenvíos. En primer término, el de su “renunciamiento” (ya sabemos cuál fue la referencia, la referente, única y original, de ese gesto).

En segundo término, la fórmula Fernández-Fernández: ¿réplica especular de la Perón-Perón que, en la década del 50, no pudo ser? ¿O la Kirchner-Kirchner que tampoco fue?

Por último, la desmesura: Cristina decidió ser la vice de su peor enemigo en 2008… Ese año en el que aquél Fernández se retiró dando un portazo. Ese año en el que aquélla mujer le cerró la puerta en los dedos a dos corporaciones históricas: la oligarquía agropecuaria y el conglomerado Clarín-La Nación.

¿Hace falta decir que habría que reconsiderar cuál de los dos Fernández, sinceramente, renunció y a qué? ¿Hace falta decir que, de ahora en adelante, cada paso que dé Alberto Fernández será medido, comparado, sopesado y atribuido a la digitación premeditada o trasnochada de su compañera de fórmula?

En la Semana de Mayo, reflexiones y decisiones es, en este aspecto, lejos de una claudicación, un programa estratégico que da por sobreentendida la autocrítica y se proyecta hacia el futuro renovando la confianza en la política, en la sociedad y en el arte de lo posible que, en Argentina, es siempre lo improbable.

[Cristina, el 9 de diciembre de 2015: Podemos mirar a los ojos de los trabajadores de prensa para decirles que nunca tuvieron la libertad que tuvieron durante nuestro gobierno hasta para difamar algunos, calumniar otros y también muchos decir lo que piensan. Pero también ellos tienen una inmensa responsabilidad. Podemos mirar también a los ojos de comerciantes, empresarios y productores que estaban fundidos en el año 2003 o que no existían ni como empresarios ni como comerciantes y que hoy tienen empresa y comercio…”.]

Un poco de humor feminista

Hace muchos años que Cristina expresa (exhorta) acerca de su condición de mujer. Lo que dice, específicamente, es que antes que presidenta, legisladora, militante, madre, abuela, compañera, es una mujer. Dice que sus palabras y sus actos deben ser leídos como palabras pronunciadas y actos ejecutados por una mujer. Si se quiere, la primera mujer presidenta electa de la historia nacional, lo que sin duda alteró la configuración mental que cada argentinx tenía del máximo rol ejecutivo. Y acaso, también alteró (o dejó al descubierto) el nivel de intolerancia, misoginia, violencia y autoritarismo que se expresa en “la argentinidad” promedio.

Cada vez que pienso en eso, me convenzo más de que a Cristina le pedimos (en un loop de demanda insaciable) que sea lúcida y sensible a la vez. Que imponga su liderazgo y que edifique su sucesión. Que profese la ternura, que baje la voz. Que, llegado el caso, le ponga los puntos sobre las íes a los fondos buitres. Que renuncie a Florencia y a Máximo y a sus proles respectivas. Que olvide rápido su viudez y vuelva a vestirse de colores. Que luzca linda y elegante aunque, de vez en cuando, se vista como vos o como yo. Que se tiña las raíces del pelo y mejore el trazo del rímel. Que no exhiba las marcas de la cirugía. Que baile y cante las canciones del Indio. Que hable bien y sorprenda a la audiencia con sus ocurrencias. Que recite estadísticas de memoria y no se equivoque ni una vez al comunicar actos de gobierno. Que haga chistes con sus ministros, con los empresarios y con los sindicalistas. Que esté a favor del aborto y deje afuera del consenso a lxs pañuelos celestes, pero adentro a lxs evangelistas. Que no se equivoque (¿otra vez?) eligiendo compañero de fórmula. Que no afloje. Que avanti morocha. Que permanezca con los ojos bien abiertos mientras todxs lxs demás duermen….

¿Qué más vamos a esperar de ella? Semejante nivel de demanda (de ilusión) se me figura inversamente proporcional a la indiferencia o el abandono de la acción por parte “nuestra”. Quiero decir: si la militancia —y extensiones— kirchneristas hubiéramos sabido construir, con generosidad y con rigor, con paciencia, con tesón y con lucidez, un líder que se le acercara en virtudes y competencias a Cristina, ¿no sería otro hoy el compañero de fórmula? Me cuesta ser tajante, pero imagino que podría haber sido así. Pues bien, parece que no fue. O que no es el momento para afinar tanto la puntería porque una porción de la sociedad psicotizó con la dirigencia polite.

En este paisaje minado por la destrucción y la deconstrucción, “Fernández-Fernández” se presenta con la potencia de un branding capaz de captar a lxs distraídxs, a lxs bipolares de ambos lados de la grieta, a lxs tristes…

Hay una lección que aprender: en la etapa de campaña, la política también se juega (como el trabajo, como el estudio, como el consumo, como el cine y la TV, como las comunicaciones en general) en la arena movediza del branding. ¿Vamos a volver a rechazar una comprobación que ya es irrefutable?

Estoy convencida de que, una vez más y sin rodeos, fuimos llamadxs a apropiarnos del pedazo de geografía que habitamos y en el que nos desplazamos todos los días. Lo que subyace al mensaje de En la Semana de Mayo, reflexiones y decisiones es que, la única posibilidad de que la democracia abastezca a la emancipación de los pueblos es haciendo equilibrio entre la gestión pública y la acción directa de la ciudadanía. El despacho presidencial y la plaza: ésa es la pedagogía que enseñan, por ejemplo, Evo y García Linera.

Tenemos que militar la vida, sus pormenores y sus alrededores. No para blindar a la líder que queremos y nos merecemos. Sino, por encima de esa circunstancia, para blindar nuestro derecho a desear hasta que se vuelva inexpugnable.

[Cristina, el 9 de diciembre de 2015: “¿Saben qué? Solo le pido a Dios una sola cosa… que dentro de cuatro años, quien tiene la responsabilidad de conducir los destinos de la patria pueda, frente a una plaza como ésta, decirles a todos los argentinos que también puede mirarlos a los ojos y decirles, mis queridos compatriotas, que cada uno de ustedes, cada uno de los 42 millones de argentinos, tiene un dirigente adentro y que cuando cada uno de ustedes, cada uno de esos 42 millones de argentinos sienta que aquellos en los que confió y depositó su voto, lo traicionaron, tome su bandera y sepa que él es el dirigente de su destino y el constructor de su vida. Esto es lo más grande que le he dado al pueblo argentino: el empoderamiento popular, el empoderamiento ciudadano, el empoderamiento de las libertades, el empoderamiento de los derechos”.]

Ésa es la lectura que, sofocadas las lágrimas, la alegría y la desazón, vuelvo a hacer del mensaje de Cristina. Soy consciente de que la revolución que soñé en la adolescencia, ya no habita ni en las mejores mentes de mi generación. Soy consciente de que, entre los 70 y el presente, los cambios culturales fueron rotundos y afectaron, también, la gestión de la política. Sin embargo, también soy consciente de que la historia de la felicidad de lxs argentinxs comenzó con el peronismo. Y que el kirchnerismo fue y es la mejor parte de esa historia porque vino a expresar a lxs argentinxs en nuestrx más sincera, anómala y actual intensidad.

María Iribarren

Coordinadora de las Tecnicaturas Industrias Culturales UNPAZ

Fotografía: M.A.F.I.A.