Manifiest@s

            Una editorial es un manifiesto. Un posicionamiento ante algún tema, con intención y propuestas para intervenir públicamente. Un manifiesto, la manifestación de un programa de intención, es un documento que (se) posiciona, demarca una cancha, conforma de modo explicito o implícito una distribución, un mapa de ideas contrapuestas y propone, indica, rumbea. Construye un nosotrxs. Es el bosquejo enfático de un lineamiento a seguir, ante un estado de cosas que se pretenden cambiar o sostener. Por otro -mismo- lado, transformar y mantener, los dos afanes que definen a la política. Por tanto, todo manifiesto es político. Toda editorial lo es. Más aun (aunque siempre) la enunciada desde un púlpito, con tradición y/de poder, afincado (ahora) y disputador (antaño), como es el diario La Nación.

            En este caso, un manifiesto editorial (valga la redundancia), “Qué universidad queremos”[1], publicado el jueves 4 de julio (!) del 2019. Donde se lee un programa político educacional, arraigado, sin enveses y sin disfraces (la transparencia manda y en eso se es coherente) en la matriz  neoliberal. Y que entendemos termina por/ empieza a configurar el programa de las reformas que un segundo gobierno de la alianza macrista debería hacer (tal el posicionamiento gubernamental/patronal explícito de LN -el nosotros enunciativo-) junto a las tan mentadas laborales y jubilatorias (la transparencia: su legado)

            Desmenuzar este documento otorga pues claridad sobre el ideario y accionar de un futuro gobierno macrista, como continuidad no solo de las medidas que se fueron tomando, pero más rápido y furioso que el tibio gradualismo de antaño (como también ya fue enunciado: el que avisa no traiciona, lo que vale también para pases partidarios), sino fundamentalmente de la construcción de una subjetividad neoliberal, una configuración empático-social, un nosotrxs/otrxs que se pretende único camino posible. Un “queremos” que hay que abrir: quiénes son esos que quieren qué.

            Vayamos por parte y desmenucemos, a-listemos/nos:

            – Dice LN “La educación publica consume presupuesto”. De lo que debemos deducir, en la histórica raigambre privatista-aristocrática de este nosotros enunciador, que “lo publico es un gasto”. No una inversión, no un derecho.

            – Dice LN “El contribuyente no es consultado”. De lo que se deducen dos ideas: que “la democracia se conforma de contribuyentes”. No de ciudadanxs, no de mayorías, no de todxs -como indicaría una raíz etimológica hurgada de vez en cuando-. Y que “Una democracia debe consultarlos”, no actuar según idearios, herencias político ideológicas, sino en función de la opinión publica, es decir, a través de encuestas y focus group (y demás métodos del marketing político, donde hacer campaña -venderse- y gobernar se indistinguen)

              – Dice LN “El mérito no se premia, sí el facilismo”. Es decir, la valoración y desarrollo personal se logran por razones individuales, así como individual la culpa de la segregación y dificultad. No importa el Estado, el otro, la clase social, la historia. Un desdeñe al acompañamiento al que lo necesita, que es solo una cuestión discursiva, que no se condice con la practica extensiva del “plan social” facilitador (más no facilista) que lleva adelante el macrismo.

          – Dice LN que “La Universidad pública no busca ni premia la excelencia sino que hace demagogia”. Algo que discutiría tanto el examen de ingreso irrestricto y el no arancel (es decir “lo bueno hay que pagarlo”, incluso pagar más es sinónimo de ciudadanía responsable antiderroche festivo), como asociar que “se egresa mucho tiempo después de anotarse -también- por los días perdidos por paros” (es decir, el sindicalismo, protestar por derechos perdidos, entorpece la vida del ciudadano-contribuyente)

          – Dice LN “En la Universidad pública hoy falta pluralismo, hay listas negras, y sobra zaffaronismo, es decir garantismo”, ya que no se habría dejado abrir una cátedra libre “pro-vida”. Es decir, lo mismo que falta en un gobierno basado en la persecución y encarcelamiento “preventivo”, que celebra el matar por la espalda al sospechoso, donde el diálogo y la pluralidad son un eufemismo (firmándose tratados estructurales de libre comercio de modo inconsulto) y la salud pública se evangeliza, las vacunas son reducidas y el ministerio de salud bajado de rango. Es decir, donde seguridad y salud, devienen variables de ajuste económico ideológico criminalísticas.

         Se podría seguir realizando este ejercicio infausto (tan necesario como pareciera autoevidente, aunque lo manifiesto no alcanza), pero la lógica configura una batalla clara, un contrapunto mayor, que se repite y engrosa: el de (y así es enunciado y remarcado) republicanismo versus populismo. Una república de iguales, de un nosotros (ellos) que se oblitera, deviene naturaleza ciudadana, subjetividad normalizada y que es la que hay que interrogar. Ya que incluso conforma un nos/otrxs maldito, la arena de lucha político-social cotidiana.

Nos/otrxs

            El nosotrxs de “Qué Universidad queremos”, se vincula con el “todos los que estamos acá sabemos…” con el que la gobernadora María Eugenia Vidal comenzó lo que fue una de sus alocuciones más manifiest@s de su mandato. Ante los miembros del Rotary Club, todos hombres en cena confabúlica/benéfica de alta sociedad, dijo “todos los que estamos acá”, es decir, nosotros, y sabemos, “que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad?”[2]. Un saber tan aristocratizado (nosotros, el cenáculo de CEOs que cena en el Sheraton, sabemos lo que hay que saber) como falso (el que esto escribe trabaja en la UNPAZ, con curricula creciente año a año de primeras generaciones de universitarixs) La universidad, el país, que nosotros, los CEOs, no solo queremos, sino el único (sabemos, nosotros, los que sabemos saber, pero que mas que saber deseamos) posible.

                   Un nosotrxs que recuerda a la publicidad del canal de noticias TN celebrando sus 15 años donde se intercambiaba el Todo Noticias por el Todos Nosotros, luego de decir que “si un niño sufre hambre todos sufrimos hambre”, y preguntarse “¿Quienes somos nosotros? Todos. Especialmente vos. La realidad la hacemos todos. Si no, no sería realidad”. Donde TN no solo expresaría un nosotros totalizador de una grupalidad sesgada (los que sabemos lo que hay que saber) sino que con el “Nosotros sos/somos vos” adelanta el “En todo estás vos” del macrismo porteño. Donde la referencia personal abstracta no es menos aristocrática al tiempo que totalitaria.

            Siendo ésta una de las novedades del neoliberalismo: hablarle a una grupalidad considerándola como un todo, conformado por individualidades autoconstituidas (meritocracia mediante). El otro, lxs otrxs, quedan así eliminados/eliminables de su prisma visible/material. No representan una facción política con la cual discutir, sino que son los contrarios a la república, a la paz, a la libertad. Un otrx ya no político (mucho menos patria) sino moral (infierno). La construcción del mal. He allí claro las bases del accionar fascista tradicional (configurar un otro expiatorio de los males exterminable), en este caso, basamentado en retóricas y prácticas empresariales, ceocráticas. Donde el otrx (eliminable) es número, es dato biométrico, algoritmo: adentro/afuera de sistema por una decisión maquinal anti-empática.

            ¿Quienes somos nosotrxs? La referencia que toma la editorial-manifiest@ es de hecho la de una universidad norteamericana en Baltimore. Lo hace el mismo día de la independencia de Norteamérica, 4 de Julio,  y a pocos días de resurgir la idea de una tratado de libre comercio con dicho país. Un manifiesto de lo más manifiesto (imposible). Si la transparencia reconvierte a la política en un universo aplanado, cínico e indolente, donde se puede proponer la discusión sobe la descriminalización del aborto al tiempo de quitar presupuesto en salud y hambrear (es decir, donde las políticas de vida/muerte son unas enunciadas y las otras efectivizadas y masivizadas), también debemos decir que está todo sobre la mesa, los dichos, el programa, el modelo, las alianzas. Aunque claro, las metáforas de la carta robada o la del rey desnudo nos informan que no basta ver lo evidente. El ojo no es solo un órgano, debe ser una comunidad.

Sebastián Russo

Docente – Sociólogo

Frente de tormentas

Fotografía: M.A.F.I.A.

[1]          https://www.lanacion.com.ar/editoriales/que-universidad-queremos-nid2264344

[2]             La cita completa dice “¿Es de equidad que durante años hayamos poblado la provincia de Buenos Aires de universidades públicas cuando todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad?” Y aquí el video https://www.youtube.com/watch?v=6RKgB1W2WRg