Decálogo – Para una retórica electoral popular


(pre)condiciones

a. El pensamiento político es una praxis. Debe apuntar y configurar a una acción concreta que instale o afirme una correlación de fuerzas. Su virtud, en última instancia, es la de vencer y debe sostener u obtener un espacio retórico de decisión.

b. La acción política es contingente y debe adecuarse a los momentos históricos. En épocas de retroceso, la acción debe orientarse a salvaguardar fuerzas materiales y místicas. Y reordenar la militancia. Salir de la trinchera es una acción política que ocurre cuando la fuerza asume la responsabilidad y orienta su paso hacia una nueva zona de visibilidad. En ese caso, la acción política, más que la concepción política, conduce a la unidad, que ha de vencer. Ante esto:


decálogo

  1. El neoliberalismo utiliza una retórica directa, asequible y violenta, que circula públicamente por una aceitada superficie de celebración. Tal retórica neoliberal es una poderosa maquinaria de subjetivación y de destrucción del tejido social.
  1. La empatía debe ser el arma retórica popular. La utilizada por la fuerza de oposición que aspire a triunfar en este contexto. Hablándole al sujeto vulnerado por estas políticas con una cercanía tal que permita reflexionar sobre su verdad (incluso, la de la instancia misma de enunciación)
  1. El sujeto vulnerado está atravesado por el sentido común aspiracionista, que lo naturaliza bajo una enunciación presuntamente propia y original, en algunos casos, no lo suficientemente permeada por el odio visceral al populismo. Este sujeto interpelado sufre las violencias del neoliberalismo pero no las vuelve significables.
  1. Se requiere acercarse a él/ella de modo abierto, agonístico, conversacional. Debe planteársele, cuando sea pertinente (ni de modo apresurado, ni abstracto) la tensión entre el discurso dominante y la vulneración de su experiencia cotidiana. La argumentación persuasiva no es suficiente para llevar adelante esta tarea
  1. Se requiere de una interpelación reflexiva que mantenga el gesto indicativo pero que también procure entablar una conversación con el otro, sin caer en la objetualización.
  1. Se precisa de una política de la imagen empática y agonista, que configure una trama visual entre la comunidad, el sujeto y la mística del movimiento capaz de torsionar la distancia entre lo que piensa y lo que debe hacer.
  1. Se debe trabajar siempre desde el sentido común, nunca contra él. Pero hay que hacerlo de modo disruptivo, poniendo en evidencia el arbitrio y conflicto que lo configura. Hay que trabajar desde la Empatía, desde los ámbitos institucionales para desbordarlos.
  1. El borde debe ser el espacio desde donde accionar, a donde apuntar, desde donde hablar. El borde debe ser la retorica elegida. El borde como una palabra dicha/no dicha, una imagen visible/invisible. El borde como una enunciación fantasma, que intrigue, acose, afecte.
  1. Una empatía desbordada que juegue desde la imaginería popular. Sin abjurarla ni fetichizarla. Incorporarla de modo critico enchastrado, entreverada con formas industriales. Pero que rescaten el valor de la comunidad, no en su cariz festiva atemporal, sino de preocupación y confianza. Teniendo a Leonardo Favio como modelo.
  1. Construir las condiciones para que sedimente la figura del conductor como vector de felicidad. El candidato debe apelar a los fantasmas. Debe configurar una imagen fantasma. El candidato que expresa una fuerza popular debe apelar al fantasma, encarnarlo, y en ese mismo acto desbordarlo, traicionarlo. Debe tomar su voz, y torsionarla (de hecho, al tomarla la torsiona/traiciona productivamente, se potencia, bebe y deviene su fuerza mesiánica) No es tarea del conductor apelar a la disrupción permanente. Debe ir y venir entre la lógica del acontecimiento y la estructura, la institución.

Frente de Tormentas