“¿Hago el bajo?” La frase la pronuncia taxista anunciando una propuesta de mejor camino. A veces se responde, “no, por la 9 de julio” En verdad, este es un viejo problema de la ciudad que, a su manera, favorece acuerdos entre taxistas y pasajeros. El Bajo es una vieja expresión porteña. No hay ciudad sin un bajo. Pareciera que primero existieron los bajos y luego se fundaron las ciudades. En y sobre ellos. Algunos insisten en que fueron los riachuelos y otros los barrios marginales -algunas manzanas propiciatorias- las verdaderas piedras iniciales. Pero yo creo que primero fue una voz que surgió de la parte de atrás de un taxi. “Vamos por el Bajo”.

Hay que decirlo con ligera resignación, imperceptible desgano. ¿No sabemos que no hay que remarcar demasiado lo realmente importante? El pasajero dice “el Bajo” y una automática complicidad se establecerá enseguida. No es necesaria una palabra más. Sabemos lo que significa. Pero sin definir bien de qué se trata, también sabemos que hay otro que sabe lo mismo que yo, desde siempre. Para siempre. Somos iguales en ese silencio de barbarie, sin palabras ni gritos, sin miradas ni carraspeos, sin nada que lo signifique ni lo interprete. Son categorías previas del terror de los idiomas. Una sola palabra nos hace ver que cualquier diferencia importante cede de su lugar a un consenso salvaje.

Hacer es un verbo total. Sus declinaciones múltiples lo llevan desde el trabajo hacia la lubricidad. ¿Qué elegimos? No es necesario elegir. Hablamos nomás. Se habla verdaderamente sin elegir. Hablar es lo contrario de elegir. Pero el hago, ese hago es, profundamente escabroso, divinamente impúdico. Lo que hago es siempre lo publicó de mi praxis e incluso lo reverente de mi pensamiento. Pero hay un hacer del turista,”hice Barcelona, Madrid y Alcalá de Henares”, un hacer del culpable o del Juez, “¿Te das cuenta lo que hiciste?”; un hacer del filósofo, el sociólogo o el profeta, “los hechos”, un hacer del industrialista “ mejor que decir es hacer”, y un hacer de la obscenidad profunda, inevitable. Por momentos, parece que ese hacer es el acuerdo básico sobre lo que se habla. Algo de él repiquetea, obscenamente, en el consensuado hacer el Bajo. !Hagamos el bajo chauffeur!

Por Horacio González

Este texto corresponde al capitulo 8 de El arte de viajar en Taxi. Editorial Colihue

Fotografía: M.A.F.I.A.

Este texto será parte de una compilación editada por BIBLIO POP

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