Los pueblos siempre vuelven

La pandemia deja marca para todos los pueblos del mundo y en el caso de Cuba, ha sido un desafío para controlarla dentro del territorio y para mostrar que la solidaridad y la cooperación, son valores muy necesarios en la humanidad.

Para combatir la enfermedad, los científicos cubanos crearon medicamentos y vacunas autóctonas, además debieron generar equipamientos, principalmente ventiladores pulmonares propios y desarrollar su inventiva para reparar tecnologías obsoletas y ponerlas a funcionar para salvar más vidas.

En medio del azote más duro, el gobierno de Estados Unidos incrementó las sanciones contra Cuba y además de las 243 medidas impuestas por el mandatario Donald Trump, su sucesor Joe Biden, no sólo las mantuvo sino que añadió otras por el mero hecho de apostar a derrumbar a la Revolución y convertir a la Covid 19 en un aliado para sus propósitos injerencistas.

Por tanto, los cubanos sufrimos de una guerra no convencional a partir del año 2020, con un punto álgido en los sucesos ocurridos el 11 de julio del 2021, con una embestida frontal a las instituciones gubernamentales, acompañado de un ataque mediático con la aspiración de derrocar al gobierno, presentándolo como un conflicto interno pero orquestado y financiado desde el Pentágono y la Casa Blanca.

Sin embargo, el mundo se movilizó junto a los cubanos demandando el fin del bloqueo en las urbes más pobladas, emitiendo declaraciones de organizaciones, partidos políticos, parlamentos y gobiernos, mediante cartas, artículos, más los mensajes en las redes sociales y medios de prensa tradicionales.

En ellos se expresó el rechazo a la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo y a los supuestos ataques acústicos contra diplomáticos norteamericanos; el desenmascaramiento de las acciones subversivas internas promovidas por operadores políticos desde EE.UU y de la construcción de liderazgos contrarrevolucionarios, con el soporte de una enorme y articulada agresión mediática y digital; a la vez que arreció el respaldo al carácter humanitario de las brigadas médicas y la nominación al  Premio Nobel de la Paz al contingente internacional Henry Reeve.

En esos textos, también se recordó la ayuda de Cuba a los demás pueblos con el envío de brigadas médicas especializadas en catástrofes naturales y combate a epidemias para salvar vidas, en momentos de mayor necesidad y llegando a los lugares más apartados y de difícil acceso.

Ello, también se expresó en el envío de donativos hacia la Isla caribeña, con alimentos, medicamentos y de insumos médicos desde 40 naciones en una cifra de 135 cargas diferentes llegadas por vía aérea o barco.

Lo más impresionante resultó la realización de más de 14 000 actividades (la mayoría virtuales) de solidaridad en 143 países; en las que resaltó la masiva la participación de amigos; graduados en Cuba y cubanos residentes en otras naciones, quienes denunciaron el bloqueo, las maniobras subversivas promovidas desde el exterior y la creciente agresividad estadounidense contra la Isla.

Se realizaron jornadas mundiales y caravanas; los encuentros continentales Africano y Europeo, regional del Caribe e internacional sindical del Primero de Mayo; el proyecto Puentes de Amor; el Foro de la diáspora caribeña residente en Estados Unidos y Canadá; y la campaña europea UnblockCuba que agrupó a 121 organizaciones y activistas de 27 naciones, entre otras muchas iniciativas.

Por su parte, Cuba envió vacunas y medicamentos a Venezuela, Nicaragua, Vietnam, Bolivia, Irán, Siria y mantuvo sus brigadas médicas en más de 40 países que laboraron directamente en el combate a la Covid 19 y envió nuevos contingentes a países y a territorios de ultramar del Mar Caribe que le solicitaron ayuda.

En las redes sociales y en discursos públicos, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, el canciller Bruno Rodríguez y demás autoridades gubernamentales agradecen constantemente la ayuda de países y organizaciones solidarias, llegada en medio de los esfuerzos de la isla por su desarrollo en medio del recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos.

Los cubanos tenemos el principio de no obsequiar lo que sobra sino de compartir lo que tenemos, algo muy intrínseco dentro de la propia familia porque practicamos la solidaridad con nuestros semejantes tanto los cercanos conocidos o no conocidos, porque no ofrecemos caridad sino ayuda.


Pueblo, algo más que sujeto de lucha

El modo de conceptualizar al pueblo cubano, el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro lo definió tempranamente en su alegato de autodefensa del 16 de octubre de 1953, ante el tribunal que lo juzgaba por el ataque al Cuartel Moncada y luego se convirtió en el libro “La historia me absolverá”.

Allí dijo:

“Nosotros llamamos pueblo si de lucha se trata, a los 600 000 cubanos que están sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente sin tener que emigrar de su patria en busca de sustento; a los 500 000 obreros del campo que habitan en los bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar y cuya existencia debiera mover más a compasión si no hubiera tantos corazones de piedra; a los 400 000 obreros industriales y braceros cuyos retiros, todos, están desfalcados, cuyas conquistas les están arrebatando, cuyas viviendas son las infernales habitaciones de las cuarterías, cuyos salarios pasan de las manos del patrón a las del garrotero, cuyo futuro es la rebaja y el despido, cuya vida es el trabajo perenne y cuyo descanso es la tumba; a los 100 000 agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre tristemente como Moisés a la tierra prometida, para morirse sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como siervos feudales una parte de sus productos, que no pueden amarla, ni mejorarla, ni embellecerla, plantar un cedro o un naranjo porque ignoran el día que vendrá un alguacil con la guardia rural a decirles que tienen que irse; a los 300 000 maestros y profesores tan abnegados, sacrificados y necesarios al destino mejor de las futuras generaciones y que tan mal se les trata y se les paga; a los 20 000 pequeños comerciantes abrumados de deudas, arruinados por la crisis y rematados por una plaga de funcionarios filibusteros y venales; a los 10 000 profesionales jóvenes: médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores, etcétera, que salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida, cerradas todas las puertas, sordas al clamor y a la súplica. ¡Ése es el pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con toda tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”.

Ese concepto engloba una crítica social al momento imperante en la Cuba de la década de los 50, con la existencia de un capitalismo subdesarrollado y dependiente del capital extranjero, con una desigualdad acentuada y un tipo de explotación aferrado a los designios del libre mercado.

Lo más importante en ese concepto, es que para el pensador el pueblo constituye un sujeto participativo dentro de la sociedad que debe conducir la lucha hacia un cambio profundo y radical del modo de producción capitalista hacia un tipo de sistema social nuevo y diferente.

En ese concepto no se hace distinción de género, tampoco por credo religioso o color de la piel, sino que engloba a todo el que sufre por el capitalismo. Incluso incluye a esa clase media que jamás llegará a ser burguesa pero se convierte en la intelectualidad, capaz de conducir a las masas a alcanzar hacia propósitos concretos y de responsabilidad social.

Lo esencial en esa categoría está implícito en la necesidad de la unidad como herramienta de transformación pero que se debe construir y articular en la misma medida que transcurre la lucha. Ojo, este eje medular también está intrínseco dentro del pensamiento martiano y en el legado de los pensadores cubanos del siglo XX, como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena y Antonio Guiteras.

Y aunque, Fidel Castro en ese momento con 27 años, no habla de clases sociales al estilo marxista-leninista en sus concepciones se nota un bagaje cultural con acercamiento a las obras de los marxistas del siglo XX, pero los supera en el sentido de la participación y del activismo como ente transformador.

No obstante su propia concepción, el líder de la Revolución la enriqueció en el transcurso de su vida, y en cada uno de sus discursos y escritos elogió los éxitos alcanzados en la lucha, llevado a cabo por el pueblo, no sólo cubano sino también internacional.

En fin, Fidel Castro es la fuente viva para aprender y luego transformar nuestras emociones en convicciones y en conciencia social en la construcción de la Revolución.

Por Nuria Barbosa León

Periodista

Fotografía: M.A.F.I.A.

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