A Hebe la conocí en los pasillos de la sede de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo[1]. Para nosotres, les estudiantes, era la posibilidad de saludarla, de verla, de escucharla. Las Madres nunca quisieron ser monumentalizada; no obstante, era imposible abstraerse de saber ante quien estábamos: si bien no eran monumentos vivos, ya que su nivel de acción no condice con la inmovilidad estatuaria, sabíamos que estábamos frente a una persona fuera de lo común: una ama de casa que había sufrido el dolor más fuerte por el que puede pasar un ser humano: el secuestro y la desaparición de un hijo. La escritora colombiana Piedad Bonnet, en su libro Lo que no tiene nombre, nos recuerda con contundencia que la persona que pierde a un cónyuge se la denomina viuda, aquellas que pierden a los progenitores son huérfanas, pero no existe palabra que denomine a las personas que pierden un hijo. Si ese hije, además, entra en la nebulosa perversa de la desaparición forzada, el efecto puede ser desastroso para una persona común y corriente, o metamorfósico para una tozuda como Kika, cuya transformación en Hebe hizo parir a una dirigente heterodoxa, convencida, segura, con una tenacidad envidiable y con un coraje temerario.

En tiempos en que los más aguerridos dirigentes se exiliaban o se escondían o se replegaban, un grupo de mujeres comenzó a reunirse y a dar cuenta de estrategias de lucha devenidas del sentido común -a excepción de alguna madre como Esther Ballestrino de Careaga o Azucena Villaflor, la mayoría no tenía formación política- que redundaron en una de las campañas erosivas del poder militar más eficaces. Era tan inusitada la presencia de esas mujeres que irrumpían en la vida política de un país cuando las libertades civiles habían sido conculcadas, que los milicos no sabían bien qué hacer con ellas: a las que habían fundado la agrupación y que se reunían en la Iglesia Santa Cruz, las desparecieron (en total, tras el beso de Judas de Astiz, secuestraron a doce personas), con el resto de doñas que comenzaban a tener una presencia constante todos los jueves en la plaza, no sabían qué hacer… Allí comienza la primera actitud heterodoxa y novedosa de las madres. Cuando los canas les dijeron con el mismo tono perentorio con que se dirigían a un curioso ante un accidente que circulasen, ellas, para no irse de la plaza, circularon en ronda, girando alrededor de la pirámide de mayo: ya nada volvería a ser igual en las formas de hacer política en la Argentina.

Las estrategias y tácticas novedosas que utilizaron en su lucha fueron innúmeras, pero quiero rescatar solo algunas de ellas que me tocó escuchar de primera mano: 1) resemantización del espacio Plaza. A partir de sus marchas y el agregado del nombre del espacio público al grado de parentesco que las movilizaba, el mismo quedaba atado a un sintagma que las englobaba y las paría nuevamente. 2) El pañuelo como símbolo: otra operación simbólica que transformó el pañal en pañuelo: no era un mero trapo blanco envolviendo sus cabezas, sino que era el pañal transmutado en símbolo de lucha. 3) La utilización de los billetes, símbolo acabado del capitalismo de fines del siglo XX, para transmitir y denunciar la desaparición de personas y 4) la creación de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, con lo cual las Madres en general y Hebe en particular, ya pensaban en un momento aciago como el que nos toca vivir, y en el que el mejor legado era dejar compañeres formades para la lucha.

Sin dudas hay muchas más cosas que se pueden decir, que se han dicho y escrito, tanto sobre las Madres en general como de Hebe en particular, pero la invitación a escribir en estos relámpagos hacía hincapié en que la perspectiva del texto debía ser personal; con lo cual, me voy a remitir solo a mi vinculación con Hebe solo a través de mi paso por la “Uni de las Madres”.

Cuando se inauguró la Universidad Popular “Madres de Plaza de Mayo”, el 6 de abril de 2000, Hebe dio un discurso poderoso, dulce y esperanzador, cargado de futuro en la potencia de su voz. Ese día, entre otras cosas, dijo sobre la universidad que “será la cosa más hermosa, el sueño más grande. Es el camino increíble para la revolución que soñaron nuestros hijos. A ellos les costó la vida, pero no les quitó los sueños, no nos quitó las esperanzas y no nos quitó a nosotras la posibilidad de ser sus orgullosas Madres […] La Universidad nació grande como nuestros hijos, hermosa y libre, absolutamente libre, como nacieron ellos, y hoy y aquí le cortamos el cordón y se la entregamos a ustedes”.

Como ante un sueño maldito que se obstina en querer obrar como la verdad onírico-mágica del fin de la historia, las Madres se propusieron un proyecto antimoderno, antieurocéntrico, claramente a la izquierda de la burguesía bien pensante, incorporando textos de autores malditos y excluidos hasta ese momento del canon académico, pero, a la vez -no sin conflictividades- transitando aquellas lecturas que obliga el mainstream, incluso para problematizarlas y cuestionarlas; para estar dotados de las herramientas necesarias para poder discutir de igual a igual con cualquier liberal recibido en una universidad pública o privada. Hebe y las Madres sabían que el horizonte de disputa revelaba una batalla de ideas en la que el sentido de las cosas iba a ser el trofeo procurado por los poderes en pugna.

Siempre tuve un rechazo en general cuando las personas hablaban de ser tolerantes como si ello fuera un mérito. Tolerar, aguantar, soportar, son todos verbos que se adhieren a conductas o personas para las cuales hay que hacer un esfuerzo para no rechazarlas, para no censurarlas, para no agredirlas. La tolerancia de la progresía siempre me pareció una hipocresía: se aguantan las diferencias, pero en su fuero íntimo las aborrecen; no llegan a transitarlas sin que medie la naturalidad en el vínculo o el contacto. Zizek escribe una defensa de la intolerancia y, en ese sentido, suscribo cierta intolerancia que tenía Hebe y que, afortunadamente, supe incorporar: intolerancia con las dictaduras, con la hipocresía, con las injusticias, con los causales de la tristeza y la pobreza de los pueblos. Hebe era intolerante con algunas cosas, y en tiempos de ultra-corrección política o de tibieza sin más, ella logró correr la vara.

Ahora que tanto se ha escrito sobre Hebe, es imposible no ser redundante, pero, tal vez, la manera de evocarla no sea desde los lugares en los que más destacó mediáticamente: ni en la plaza ni a los gritos contra los poderes de turno; ni enfrentando milicos y a la montada o desafiando al clima y a las horas para mantener su lucha, sino en los pasillo de la querida facultad de las madres, en aquellos pasillos en la que la veíamos transitar y en la que ante cualquier pregunta sobre política, te daba una definición que te hacía cambiar de perspectiva al segundo, en la que siempre terminabas pensando que las cosas nunca estaban determinadas de manera definitiva, que todo, siempre, podían ser de otra manera.

Ahora, a pocos días de su fallecimiento, más que nunca tomamos conciencia de la falta que nos hará, pero también nos debemos quedar con su legado a través de la universidad y dotar de discusión y criticidad a los tiempos que corren. Hebe sigue siendo grande por el solo hecho de provocarnos desde el pasado con sus enseñanzas, con su deambular irradiante por aquellos pasillos de la universidad.

P.S.: Cuando estaba por terminar estas palabras, me enteré que falleció Zito Lema, un imprescindible que fue un impulsor irremplazable para que la Universidad de las Madres fuera creada: mis respetos.

Por otro lado, seguramente, que más allá de mis palabras y mis recuerdos, habrá compañeres que tendrán cosas que agregar, que aclarar, que problematizar. Hace rato que me interesa la construcción historiográfica colectiva, una especie de mosaico multivalente en el que el relato se ve enriquecido por los recuerdos masivos de quienes convivieron en la creación de un determinado transcurrir conjunto. Vaya pues, la posibilidad de adicionar cada cual lo suyo.

Por Adrián Dubinsky

Historiador y ensayista

dubinskyadrian@gmail.com

Fotografía: M.A.F.I.A.


[1] Actualmente es el Instituto Universitario Nacional Madres de Plaza de Mayo. Ya hay dictamen en la cámara de diputados para que sea Universidad Nacional.

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