Agua y peronismo, una ofensa ontológica.

Por DANIEL SANTORO. Luego de 5 años, en 1950, se inaugura la Ciudad infantil, una realización en pequeña escala que mostraba el cumplimiento de la utopía justicialista en forma de pedagogía urbana. En el centro de la pequeña urbe se construyó una fuente circular con agua cristalina: podemos ver en la tapa del folleto de propaganda la emblemática foto de un conjunto de niños felices jugando, metiendo en este caso sus manos y apropiándose de esas aguas puras, que de acuerdo con el tercer paso de la “obra” alquímica se corresponde con la “vida nueva” (purificatio), surgen de ahí nuestros únicos privilegiados (el opus peronista).