Los (des)hechos de la lengua. De prisiones, nombres y fierros

Por SEBASTIAN RUSSO. La cuestión de las lenguas. Del castellano contaminado de y forjado en el mapuche, el quechua, el guaraní, el italiano, las lenguas villeras. Donde la prisión de Milagro Sala es también una prisión de lo multilingual, es decir de la Argentina de más de 100 lenguas, le dirá Horacio González a un jujeño que interviene y pregunta por tal mixtura. Y será mantener la dignidad idiomática el rol de la Universidad: en su fango popular más no en su dilución e instrumentación mediático marketinera. Aquí (y) en la ciudad.

Tomo y obligo

Por SEBASTIAN RUSSO. La tomas (de tierras, escuelas, ministerios) expresan el momento apoteótico, consagratorio, fundante de la política. Momento de explicitación y exclamación compartida de lo intrínseco/íntimo de la subjetividad y objetividad política. Las tomas son llevadas a cabo por una comunidad de cuerpos avasallados. El poderoso no llama "toma" a su expropiación, porque habla y se mueve desde la ley que protege y (lo) funda.

Soldaditos. Imágenes en guerra (new age)

Por SEBASTIÁN RUSSO. El celebrado retorno de los desfiles policíaco-militares, en las calles, en las pantallas; de las tropas de élite, con la selva en sus cascos, los narcos en sus visores, hacen volver lo que nunca se fue. El soldado/niño que duerme en nosotros. Y que de repente saltó de la cama, re-habilitado, espectacularizado, con presupuesto ampliado y licencia para matar. Aval estatal (despacito, protocolarmente), aval popular (denles pa que tengan)

La aflicción. Sobre lo obsceno

Por SEBASTIAN RUSSO. Con esquizofrenia y cinismo la propia discursividad del macrismo se aplana, se vuelve campo arrasado/listo para una nueva cosecha. No hay pliegues en una discursividad que puede sostener una argumentación y su perfecto opuesto, eso sí, sin despeinarse, sin tensionar el protocolo del político profesional ceo-cool: con sonrisa, desacartonamiento, libertad.