Horacio González vive en las calles, en los bares, en las paredes de una ciudad, de todas las ciudades. Horacio González, un citadino que en los signos arquitectónicos, costumbristas, lingüísticos de la ciudad encuentra las claves para pensar una nación, como espejo invertido y alucinado de la pampa; un pueblo, sus retóricas, invariantes pero sobre todo sus formas emancipadas. Traduciendo, llevando a una mesa de disección signos, juntando y amontonando restos, de imágenes y palabras, voces y entredichos, para pensar, pensarse, pensarlo todo. El de Horacio González es un pensamiento vital, en acto, junto a otros, conocidos y no, en una esquina, un café, un aula. No hay lugar prefijado para que se cuele una idea, una chanza, una ensoñación sobria, trágica. El lugar es la lengua, la lengua de la errancia. Desde allí, invocando su herencia reflexivo vitalista, es que propusimos una caminata, un errar colectivo, no para homenajearlo sino para celebrar y reinvocar ese modus vitae de pensar y vivir y soñar una ciudad, un pueblo.

Y desde Relámpagos, acompañamos compartiendo (desgrabando, produciendo) una serie de textos e intervenciones sobre la ciudad realizadas por Horacio González, que tendrán una versión papel junto a otros textos, editados por La Biblio Pop:

Diario de un paseante (en Rosario, un día sábado). Horacio González

Ciudad y Utopía. La historia de la arquitectura en perspectiva sociológica. Horacio González

¿Hago el bajo?. De El arte de viajar en taxi. Horacio González

Boedo y la nostalgia. Horacio González

Horacio González o La lengua de la errancia. Sebastián Russo Bautista (trancripto en ésta misma entrada)


Horacio Gonzalez vive en las calles. Errancia colectiva para una ciudad en-soñada 

Domingo 10/10. 16.30hs. Desde Café Margot. Av Boedo y San Ignacio

17 hs Café Margot. Palabras de inicio.  Adrián Dubinsky. Liliana Herrero. Daniel Santoro.

18hs Sadop Capital. Boedo y Belgrano. Lecturas. Audios. Nicolas Di Giusto y Alejandra López.

18.45hs Bar Los Amigos. Loria y Moreno. Homenaje de los Verbeneros. Canta Martín Prestía y otrxs. Palabras de verbeneros: Lucio Guiñazu y Matías Rodeiro

19.30 hs Casa Cultural Carlino. 24 de noviembre e Hipolito Yrigoyen. Lecturas, proyecciones.  Darío Capelli, Lucio Carlino y Lucas Saporosi.

20 hs Plaza Tuñón. 24 de Noviembre e Hipolito Yrigoyen. Feria. Mariana Casullo. Juan Ciucci. Sebastián Russo. Micrófono abierto.

Convocan: Casa Cultural Carlino, Centro de Estudiantes de la Universidad de las Madres, Círculo Ecuador, Comuna Gardel, La Biblio Pop, La Verbena, Participación Popular, Relámpagos, SADOP.

Evento FB: https://fb.me/e/1HHxpQ2WU.


Horacio González o La lengua de la errancia

En Horacio González la errancia es tanto tema como método. Método del que camina, pasea, y de repente se entrega a la contemplación y como se detuvo, sigue, continua su rumbo. Del que en tal experiencia escópica, vitalista, hurga y encuentra, palabras, cosas, inesperadas, y entabla relaciones in-auditas, in-visibles, al oído y la vista de todxs. Pero la errancia es también en González tema, tópico, insistente e improbable e inaprobable “problema de investigación”. Indagando/ viviendo el viajar en taxi, el hablar en los pasillos, la conversación en los bares, o semblanteando a erradores viejos peludos, Macedonio, Arlt, Borges, Perón.

            Errar es vagabundear. Y como tal una forma de conocimiento. Más aun: fundamento de la praxis epistemológica para el saber del estaño, popular, americano. Tal como dice Scalabrini Ortiz, errador citadino, que sólo, espera y por ello el que “debe inventar nuevos patrones de medición (…) bucear en el ambiente y sentir y pensar y actuar, a pesar suyo, como uno cualquiera, viéndose y estudiándose vivir. Ser conejillo de indias y experimentador, simultáneamente” La errancia es el arrojo apasionado, espiritual, detrás de un (auto) objetivo in-útil o de objetividad sacra, vital. Errar, yirar pero también pifiar, darse al yerro, a su posibilidad, es arriesgar(se), poner los saberes previos en suspenso, en estado de suspensión. Es trastocar el (discurso del) método, es ubicar a la experiencia, al cuerpo, la sensibilidad, como insumo, como el sustrato vibrante de donde surge una idea, un posible concepto, una relación conceptual, ideada. Es incluso desde donde un método, un modo, emerge y (se) bocetea. El plan se escribe en acto, al momento que la pulsión inunda y arrastra, y ésta, ni inunda, ni arrastra, ni arrasa sin una sensorialidad atenta, dispuesta, a flor de piel, de cuerpo en flor (de piel)

            Errar en las calles. Errar por los bares. Errar en el habla, en un texto, en la lengua. Errar como modo de vida. Errante y bohemio, el anclao en París. Errante la sombra, que busca y nombra. Contemplando el mundo, andando con gitanos alegres como (en) Tuñon. Así como el Cantor Errante de Darío, que “va por todo el mundo/ sonriente o meditabundo (…) a pie por los prados, entre las siembras y ganados. Y entra en su Londres en el tren, y en asno a su Jerusalén. El canto vuela, con sus alas”. O como (en) Borges: “hoy, al cabo de tantos y perplejos años de errar bajo la varia luna, me pregunto qué azar de la fortuna hizo que yo temiera a los espejos”. O en Martinez Estrada, que hace del miedo el mismo momento de detención absorta, para seguir errando: “Entonces por las calles, en los cafés, en los tranvías, en los cinematógrafos, de pronto siente que lo ciñe el miedo; lo asalta un terror remoto e inexplicable como si estuviera solo entre censuares de conciudadanos”

            Si la de Horacio González es no solo una lengua errante sino la forma en la que la errancia encuentra su lengua, es por su insumisión constitutiva a la institucionalidad de toda lengua y a todo modo de institución. Pero sin llegar a abjurarla, sino tensionándola, transformándolas. Y será el ensayo, la escritura hereje, lengua ultrajada, des-genérica, que tiene al error, al errar, como su expresión constitutiva. Y siendo Horacio el ensayista, el que explora incluso sus límites, en el borde, arrabal incluso del des-género, el que hace que el ensayo, lo ensayístico florezca, fructifique, se esparza alucinadamente.

            Ensayar es darse a la errancia interpretativa, al merodeo sin rumbo por la palabra justa, encarnada, justiciera de todo sistema. Es la institución en acto de una lengua errante, una lengua insumisa a lo inmóvil, a lo que se debe y complace decir. Y en Horacio, es un co-vivir (de) la lengua del pueblo: pícara y juguetona, leal y heroica. Es la lengua cachivache, arrabalera, lunfardo en las venas. Si a Horacio lo atormentaba que le endilgaran barroquismo, no podía menos que conmocionarlo/ conmocionarnos la puesta en acto (que no es otro que un acto de amor) de su palabra pública, de su cuerpo vuelto acontecimiento, en todos los actos, que no fueron sino ensayos de una voz, de una interpretación, de un hurgar por una palabra que desdiciera lo obvio, que produjera una epifanía soberana, que rompiera el continuum, y que (se) desbocara todo método, incluso el de una comprensión sesuda, intelectual. Algo más allí/aquí acontecía, algo más es lo que acontece en todo errar, en todo ensayar un paso, una palabra, una imagen. Podemos decir, he allí el vinculo mítico, místico con y desde el saber de los cuerpos, vitales, empáticos, arriesgados. Lo que excede. Lo que está de más. Lo que resta y falta.

Por Sebastián Russo Bautista


Un comentario en “Horacio González vive en las calles 

  1. Compañera. Amiga, seguidora desde siempre. Estarás presente, en mi barrio-tu barrio, en las lecturas, en los comentarios, en las reuniones, en la vida académica y en lo cotidiano. Hasta siempre Horacio!

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